Martin Scorsese traspasa sus límites en ‘El lobo de Wall Street’

Son tiempos oscuros, parece que fue ayer mismo cuando mencioné (en mi crítica de “La invención de Hugo”) el derrumbe económico que nos asolaba (y nos asola) sin miramientos ni favoritismos, mientras tratábamos de ahogar aquella triste realidad en páramos lejanos donde el único contratiempo que nos atañe es el de culminar dicha fantasía despertando y alejándonos de sus miles de secretos y maravillas. La fantasía a la que me refería, no era otra cosa que el cine, en esta ocasión intentaré evitar la tentativa de volver a ensalzar por enésima vez sus virtudes como acostumbro a hacer cuando una obra en concreto logra eclipsar mi habitual huracán de conceptos y los convierte en una enorme y densa nube de halagos sin dirección, con un único objetivo, el de seguir encumbrando este arte como lo que es y procurar que la gente no olvide cual es su condición dentro de nuestras fútiles y pasajeras vidas. No es tarea fácil, y menos aún cuando el jeque de toda esa jerarquía de evasiones lleva por nombre Martin Scorsese. Martin, que ya cubrió el nacimiento del cinematógrafo, que abordó los traumas internos de familias mafiosas italoamericanas, e incluso se sumergió en la atormentada mente de uno de los visionarios más peculiares y extrañamente obsesivos de la industria de la aviación, continúa su imbatible cruzada en busca de horizontes sin descubrir… ¿quedaba alguno? Lo veremos en ‘El Lobo de Wall Street’.

¿Que podía aportar el bueno de Martin? ¿Qué cabría añadir a la ya explotada temática de los mercados bursátiles y sus todopoderosos dueños?. Oliver Stone dinamitó gran parte del porcentaje mediante la denuncia, incluso el novato J.C. Chandor ofreció su propia perspectiva acerca del asunto con “Margin Call”. Sabiendo esto, y siendo consciente tanto de sus limitaciones como de su perspicacia, Scorsese decide desviar la atención y no aturullar la atenta predisposición de sus espectadores con cifras, cuentas y argots ininteligibles. Haciendo uso de un libro escrito por el mismísimo Jordan Belfort, aplica la visión de ese hombre como determinante absoluto (que no absolutista) y como método para abordar una inédita e increíble historia real que va desde las oficinas de la realeza capitalista de Wall Street, hasta tormentas en mitad del océano. Renegando de cualquier tipo de reflexión, y al mismo modo que los grandes (inmortales y eternos) autores, deja que esta mala bestia respire por sí sola dependiendo únicamente del texto de su protagonista, un documento hilarante y verídico acerca del declive de un ser humano con demasiadas aspiraciones, a la par que una involuntaria radiografía de la ya conocida “cultura del dinero” de Estados Unidos.

Ataques de locura y humor ácido como representantes básicas de un terreno despiadado y competitivo, más reside el mérito en conseguir que a nosotros nos duela, que pretender que nos sorprenda en una época en la que estamos curados de espanto a base de decepciones, un enfoque inteligente para una inteligente propuesta invadida por un sarcasmo maníaco y desinhibido.

[img_reflect_center src=”http://www.elninhonaranja.es/wp-content/uploads/2014/01/el_lobo_de_wall_street_01.jpg” title=”Duelo interpretativo en ‘El lobo de Wall Street'”]

Nadie apostaba por tenerlo de vuelta en las quinielas de los Oscar tras su ausencia el año pasado por su (fantástico) papel en “Django Desencadenado”… pero es evidente que no conoce la renuncia, aunque su regreso no sea más que un pedestal empañado por la inminente derrota a la que, parece, será sometido de nuevo por (paradójicamente) Matthew McConaughey, quien también corría el riesgo de convertirse en el secundario más sabroso de la temporada de no ser por su temprana desaparición. Leonardo DiCaprio no merece un párrafo, ni dos, ni tres… Leonardo DiCaprio merece un atlas al completo, su interpretación roza la esquizofrenia, no es necesariamente la clase de trabajo que mete el dedo en la herida o que conste de capas que debamos atravesar para comprender la totalidad de sus decisiones, nada de eso, el show debe continuar. Entregar espectáculo, entregarlo a cualquier precio, arrastrarse si es preciso (tendréis que verlo, porque es para verlo), rozando con los dientes la histeria y la avaricia, acudiendo al maltrato físico y la drogadicción, sin descuidar la emotividad y los discursos de rigor para la plebe enfurecida.

Un ejemplo magistral e íntegro con el que hacer justicia a su enfermo legado en busca de la coronación por parte de la academia, DiCaprio en estado puro, encolerizado y titánico. Mientras Jonah Hill da la réplica como le es humanamente posible, sin desmerecer ni desfallecer (aunque a veces parezca lo contrario), un buen toque de grosería que se antoja de todo menos ordinaria.

Con un lavado de cara nítido y, quizá, algo apresurado, Martin Scorsese colma las expectativas con los residuos de un montaje que se las sabe de censurado, si ya con ello le basta para acercarse a encontrar otra obra maestra (atención, he dicho acercarse), no hay razón por la que indagar más lejos. Estilo renovado y poseído, es sencillo catalogarla como la “Ciudadano Kane” del siglo XXI, la destrucción de un individuo condenado a la riqueza superficial y la ruina personal, sólo cambia el ámbito, la estética, el espíritu y los años, las reglas del juego se mantienen. No alcanza la excelencia de “Infiltrados”, “Casino”, “Uno de los nuestros” o la desolación y oscuridad de “Toro Salvaje”, pero el sello sigue a flote, no hay nadie como él a la hora de elaborar un reflejo tan devastador y deslenguado (desbocadamente pícaro e inesperado) de la nación de las barras y estrellas y de sus fieles vástagos consumidos por la falsa idea de un éxito efímero.

Sin obviar (que Scorsese de tonto no tiene un pelo) lo alucinante que puede llegar a ser tal sensación de poder, celebrando y apuñalando casi al unísono la visión subjetiva que Belfort impuso en aquel libro, permitiéndonos disfrutar de las travesuras de aquellos chicos malos que vieron en el dólar su salvación a la rutinaria sobriedad de cada día, incluso cuando este los condujo a la perdición… que tire la primera piedra quien no haya soñado con un yate.
 
 

Película: El lobo de Wall Street
 
Dirección: Martin Scorsese
Guión: Terence Winter; basado en el libro de Jordan Belfort
 
País: USA Año: 2013
Duración: 180 min Género: Biopic, comedia dramática
 
Interpretación: Leonardo DiCaprio (Jordan Belfort), Jonah Hill (Donnie Azoff), Matthew McConaughey (Mark Hanna), Kyle Chandler (Patrick Denham), Jean Dujardin (Jean-Jacques Saurel), Margot Robbie (Naomi), Jon Favreau (Manny Riskin)
 
Música: Howard Shore
Fotografía: Rodrigo Prieto
 
Distribuidora: Universal Pictures
Estreno en España: 17 enero 2014
El lobo de Wall Street

Alejandro Millán

desde Madrid



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