‘100 balas’, cuando el cómic se convierte en cine negro

Cuando nos planteamos encajar un título en el apartado #Monográficos, debemos bucear en la memoria de esos números míticos, que siempre conviene comentar en una recopilación de buenos tomos, que es lo que es esta sección. Buscando regalos para estas fechas, me di de bruces con el elegido para cerrar el año en el blog: ‘100 balas’. No podía ser otro.

Puestos a rememorar buenos cómics, cualquier momento es adecuado, pero en este caso digamos que las señales indicaban que era el momento. Si bien hace unos meses, ECC anunciaba que a finales de año empezaría la reedición de este título en 10 entregas bimensuales, en el Expocómic de 2013 nos enteramos de boca de Eduardo Risso que junto al señor Azzarello, están preparando un spin-off de 8 números sobre el personaje de Lono. Cuando hace unos días, me topé con el primer ejemplar de la nueva edición en España, dije “Muchacho, solo tienes un disparo y este es el momento”. Cuidado amigos, llueven balas.

‘100 balas’ es algo más que un cómic de mafiosos, es la sublimación definitiva del icono clásico del bien y del mal, desdibujando sus matices y haciendo las líneas divisorias entre ética y verdad desquebrajarse ante nuestros ojos. Un cómic furioso, desesperanzado, violento y amoral, pero que subjetiva todos sus malos conceptos en pos de un bien mayor, plantear ciertas preguntas ácidas a tiempo que descerraja una ráfaga de balas necesarias en muchas cabezas.

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Más mordaz que sus coetáneas en el cine, la televisión o la literatura, el guión de Brian Azzarello es una melodía de corte noir, ambientación conspiratoria y humo de tabaco en bar de jazz. Es cine negro, con corazón de funk y mucho, mucho thriller al estilo Mamet, ‘Sospechosos habituales’ y Tarantino. Que sí, que a Brian no le gusta que le comparen con Quentin, pero joder, que los dos habéis visto los ‘7 samurais’, y se nota.

La narración parte de una premisa ambigua, ¿qué harías si pudieras cargarte a la persona que te ha jodido la vida? Sin rastro, sin huella, sin repercusiones, sin consecuencias. Legales. Las morales ya las pones tú, si las tienes.

Durante casi 50 números (100 balas, 100 números), vemos como el agente Graves, reparte indiscriminadamente maletines secretos a personas variopintas, parias, renegados, gente traicionada por personas y agarrotadas o desterradas en un abismo social perpetuo, con un único objetivo. Brindarle los datos de quién les hundió la vida y una pistola con 100 balas irrastreables que podrán usar contra su enemigo, después de haber comprobado la veracidad de las pruebas.

Sin embargo, nunca tienes claro si el sórdido benefactor quiere ayudar a las víctimas o conquistar objetivos propios. Además algo no cuadra. ¿Porqué algunos de los elegidos, tienen más fantasmas que esconder, que diablos matar?

La trama va desgranando un guión ácido, suspicaz, cargado de flashback y “movimientos de cámara” vertiginosos (ahí es donde la hábil mano de Risso, deja marcado a fuego el carácter personal de este cómic) que hacen de la narrativa de ‘100 balas’ y de sus viñetas, una película de corte pulp, una novela de Dashiell Hammet y un videoclip de Beastie Boys, todo al mismo tiempo.

La escenografía lo es todo en esta gran novela americana (alguien ha dicho James Ellroy o George V. Higgins? Sí, estamos en esa onda) y para ello, cada página, cada escalado de viñeta en contraste con la historia que cuenta es un paso más hacia la extenuación al que el cómic somete al lector. No puedes dejar de leer, de tirar del hilo a ver que encierra la madeja, quien maneja los destinos, quien decide, quien elige. QUIÉN?

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El tándem Azzarello-Risso es demoledor, iconoclasta, veraz, sinuoso y estéticamente impactante, en lo literario y en lo gráfico. Cómo hacer un refrito de clichés, usando cada uno con un fin y no pareciendo el enésimo plagio jamás contado. Pues con habilidad y sin autocensura. Les costó trabajo, eh, no os vayáis a pensar. En Vertigo, hace más de 15 años, nadie daba un duro por el asunto. Al guionista le ofrecieron continuar títulos olvidados antes de sacarle las castañas del fuego a su propia idea. Cuando Harry Azzarello encontró a Sally Risso, la combinación hizo que ‘Jonny Double’ echara chispas y dos años después Axel Alonso tuvo que decirle a Brian eso de “Cuántas balas, en cuántos números?”.

Las conjuras van sucediendo, entrecruzándose, sin sentido, o con todo el sentido si seguimos leyendo, desenrollando el ovillo. El oscuro recorrido nos lleva hasta el Trust, un club Bilderberg ancestral, los Milicianos, un equipo de élite y el Sr. Shepherd, el único capaz de controlarlos a todos. Menos a Graves. Él sigue con sus maletines. 100 balas por aquí, unos muertos por allá.

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Una oda sangrienta y vengativa orquestada para poner las cosas en su sitio. O no. O para destruirlo todo y cargarse a unos cuantos hijosdeperra. Nunca lo sabréis hasta el final, porque como en un tema de John Coltrane, lo mejor siempre está por venir.

La concesión al binomio fue un éxito de crítica y público y se ha convertido en unos de los títulos clave de la historia del cómic moderno. Un acierto de saga grandilocuente en un discurso velado, que no entorpece la contundencia de sus desarrollos más profanos, la acción, la violencia, la muerte, la confianza, el respeto, la indulgencia y sobre todo el restablecimiento del orden lógico de las cosas. Algo karmico.

Ahora sí, ahora estáis pensando en el final de ‘Breaking bad’. Pues oye, porque no…

A los postres, un regalito. Un recopilatorio gráfico que hace algún tiempo se curró Mikel Bao para su blog y que viene como anillo al dedo (o bala entre ceja y ceja, como queráis verlo) para comprender quién es quién, en este cómic. Eso sí, alto ahí, tiene algunos SPOILERS. Abrirlo bajo VUESTRA RESPONSABILIDAD. Disfrutad.

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