‘Shameless’ (USA), una serie para perder la vergüenza

Uno sabe si una serie le va a gustar en los tres primeros minutos del episodio piloto. Con ‘Shameless’ ocurre esto. Tiene un inicio arrollador, sorprendente, vivo, a mitad de camino entre los circunloquios iniciales de ‘Trainspotting’ y el humor macarra típico de las series de Showtime.

Dejemos a un lado las comparaciones obvias que surgen en estos casos en los que una serie que triunfa en su país, es adaptada (por regla general en yanquilandia) a un mercado más amplio, más comercial, como ocurre con ésta, en la que partimos de un título inglés previo y que triunfó ampliamente en la televisión británica (se han emitido 11 temporadas del tirón) y que la cadena americana ha querido trasladar de los suburbios de Manchester a los barrios bajos del Chicago actual.

Y digo que evitemos las comparaciones, porque la versión inglesa de ’Shameless’ merecería una entrada amplia para comentar sus vicios y virtudes, pero por esta vez nos vamos a conformar con revisar la propuesta USA como si de un producto original se tratase. Tal vez este sea uno de sus alicientes, la capacidad para hacernos olvidar que es un remake.

Comentaba lo de los minutos iniciales del primer capítulo porque el amigo Paul Abbott (creador de la original), ha trabajado con la lección muy bien aprendida de emisoras como Channel 4 en las que priman los arranques impactantes en sus nuevas series.

Antes de que aparezcan los créditos iniciales y el theme de la serie (el ”The luck you got” de The High Strung) nos embauque, ya nos habremos encontrado con una presentación más o menos fugaz de los personajes, de las situaciones, del contexto, pero pese a su sencillez de planteamiento nos deja muy explicado que vamos a ver, con qué nos vamos a encontrar. Eso hará que probablemente te enganches a ’Shameless’ con ver un poco del primer episodio.

¿Qué nos encontramos entonces en ‘Shameless’? Pues para empezar un guión ácido, irreverente, cargado de diálogos corrosivos y totalmente alejados de lo políticamente correcto, que le aportan ese toque realista, casi, casi, creíble, que hacen de esta serie un producto empático, a pesar de lo dramático que a priori pueda parecer su trama. La comedia inunda cada episodio cuando la alarma de lo excesivamente lacrimógeno hace que pudiéramos perder la perspectiva de lo que es la ausencia de pena y compasión al abordar estos personajes. Abbott no quiere que nos desconsolemos, quiere que nos pique la entrepierna, que le hagamos un corte de manga a la vida y a su crueldad, que entendamos como comprenden los Gallagher que no es posible llorar y esconder la ropa. Hay que echarle cojones a las desdichas y más si éstas te las provoca tu propio padre. Eh, Frank…?

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En esa radiografía social que pretende hacer, William H. Macy (uno de sus mejores papeles en años) interpreta al patriarca alcohólico de una familia disfuncional y maltrecha, en la que Fionna (Emmy Rossum), la hija mayor debe ejercer de tutora, responsable y sustento para que la tropa siga unida. No está del todo sola, sus hermanos saben que lo importante es arrimar el hombro si hay que pagar las facturas o la comida de la semana. Se puede trabajar, robar o extorsionar, mientras que lo hagas por el bien de la familia, por llenar el bote de las galletas “para el invierno”.  Os suena? La familia, por encima de todo?

Pero además de esa habilidad para contarnos de forma honesta y sucia los trastornos de una familia que transita en el umbral de la pobreza, para sobrevivir, para encontrarle sentido a un nuevo día, nos encontramos con el acierto de que su creador haya colocado la cámara a la misma altura existencial que sus personajes, no los vemos ni desde arriba ni desde abajo. Los miramos a los ojos. Ellos a nosotros también.

En ningún momento perderemos la perspectiva de lo que estamos viendo. La serie tiene humor, pero no es una comedia fácil, sit-com de media hora. La serie tiene drama, pero no es HBO (no es ‘Treme’, ni ‘Six feet under’). Juega de manera provocativa para que entre los labios se nos escape una sonrisa, al mismo tiempo que se nos encoge la zona inguinal, para que no despeguemos en una felicidad irreal, en la que pareciera que todo fuera posible si la hermana mayor se pone a ello, pero no no nos deja tampoco caer en la tristeza absoluta que podría aportarnos el tono amoral y desdichado que parece impregnar cada escena de la serie.

Frank es un escollo, un muro que salvar, un enemigo que batir, es una metáfora del estado, de la sociedad, del mundo que nos acosa y nos derriba. Los pequeños Gallagher son los que tienen que luchar, se tienen que superar, para que las desdichas y su propio padre no les destruyan. Qué coño, los Gallagher somos todos!

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El tono de sátira documental, con el que a veces juega su creador, haciendo que una vertiginosa cámara entre por la puerta de atrás o asalte por cualquier ventana las casas de los protagonistas (Gallagher y vecinos),  consigue que no perdarmos de vista el estilo british que le dio el éxito a su predecesora, aunque a mí me recuerda mucho salvando las distancias al talante visceral que podía tener ‘Roseanne’ a veces, irónica y con toques descarnados.

Vic FS

desde Madrid



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2 comentarios sobre “‘Shameless’ (USA), una serie para perder la vergüenza

  • el 1 octubre, 2013 a las 15:50
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    Maravillosa serie!!! desagradable, pero con mucha clase. De las escenas más jartas que he visto en TV

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