Más “reflejos tecnológicos” en la nueva temporada de Black Mirror

En noviembre de 2011, el polifacético Charlie Brooker nos sorprendió con ‘Black Mirror’, una miniserie de tres episodios autoconclusivos e independientes emitida en el canal británico 4 de la que ya hablamos aquí. La serie tuvo un discreto pase por España de la mano de Cuatro, que emitió los tres episodios seguidos, y sin respetar el orden (con un par).

En febrero de este año se estrenó en el Reino Unido la segunda temporada de esta serie. Tres nuevos episodios, también autoconclusivos e independientes, de unos 45 minutos cada uno. Y aunque no se repiten las tramas ni los actores de la primera temporada, sí que podemos encontrar una cierta correpondencia en los temas que se tratan.

El primer episodio, ‘Be right back’ (Vuelvo en seguida), plantea,  a través de una retorcida historia de amor, hasta qué punto nuestra identidad digital reproduce nuestra identidad “real”. Y de paso, nos advierte del peligro de la adicción a las Redes Sociales (e Internet en general). Podemos relacionar este capítulo con el último de la temporada anterior (‘Toda tu historia’) en cuanto a que ambos tratan cómo el peso de nuestra presencia online es cada vez mayor, hasta el punto que parezca que nuestra vida (y nuestra esencia) esté en la red. Por cierto, el futuro en el que se ambienta ‘Be right back’ no me parece tan distante desde que descubrí esta aplicación al documentarme para el artículo.

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‘White Bear’ (literalmente “oso blanco”, aunque podría dejarse tal cual, ya que la expresión también actúa como nombre propio) es el segundo capítulo, narrado en clave de pesadilla orwelliana igual que sucediese con el segundo episodio de la primera temporada ‘15 millones de méritos’. Una mujer despierta en una habitación, totalmente amnésica, y al salir a la calle descubre que todo el mundo se limita a obsevarla y a grabarla por el móvil mientras es perseguida por varios enmascarados que intentan matarla. Nos enfrentamos a una sociedad sedienta por la telerrealidad, que hace de la muerte y el castigo un espectáculo para retransmitir a través de los medios: televisión, dispositivos móviles… Imprescindible el epílogo que hay durante los créditos (que seguramente os perderéis si esperáis a que lo emitan en abierto en España).

Por último, ‘The Waldo moment’ (“La hora de Waldo”) retoma el impacto de las redes sociales e Internet en la política como ya lo hiciera ‘El himno nacional’, la historia que inauguró la serie. Un humorista en horas bajas le pone voz (y gestos) a Waldo, un personaje virtual de un late night televisivo que acaba presentándose a las elecciones en una ciudad inglesa ficticia. La popularidad de Waldo, campaña de marketing mediante, especialmente en Internet (apps para móviles, vídeos virales en Youtube…), hará que se postule como el candidato más firme ante el desprestigio que sufre ahora la clase política, igual que ha ocurrido en Italia con Bepe Grillo.

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En términos generales, podemos decir que esta temporada tiene una ambientación más uniforme. Mientras que en la primera temporada las realidades que reflejaba cada episodio eran muy distintas entre sí, en la segunda el tono es más homogéneo. De hecho, en los tres capítulos podríamos asumir que la historia se sitúa en el presente, si no durante la totalidad del metraje sí al menos en momentos puntuales.

Desde luego, esta segunda temporada está por debajo del nivel de la primera. En parte por las historias en sí, que no son tan impactantes, y en parte porque la primera temporada fue la que nos sorprendió. Pero ‘Black Mirror’ sigue siendo una serie muy recomendable, que sirve para dar un toque de atención respecto a donde nos está conduciendo la inercia del tecnodeterminismo, y fantasea con escenarios distópicos si esta tecnología se usa indebidamente.

Tahúr Manco

desde Madrid



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