24 horas sin medios ¿te atreves?

Sin duda alguna, estar 24 horas sin medios digitales es un reto que, en los tiempos que corren, parece algo difícil de lograr… pero no imposible y mi propia experiencia lo confirma. La verdad es que, a pesar de que acabo de conseguir hace apenas unos minutos estar 1 día entero sin ningún tipo de medio tecnológico, he de reconocer que no ha sido nada fácil aunque… pensé que iba a ser más difícil de lo que al final ha resultado.

Antes de seguir contando esta experiencia, tengo que confesar que he hecho una especie de “trampa” a la hora de realizar el experimento porque no lo he realizado en un día de mi vida diaria puesto que el reto habría sido casi imposible de lograr debido a que mi trabajo y mis estudios se basan en tareas que realizo imprescindiblemente con el ordenador e Internet. Por ello, he escogido un día de vacaciones en Córdoba con mi familia en el que he estado todo el día fuera de casa como buena turista. Aun así, he de subrayar que no ha sido del todo sencillo.

Sin duda, el medio del que me ha sido más difícil prescindir ha sido el teléfono móvil puesto que, en mi día a día, este es el medio tecnológico que más importancia adquiere. Y, es que, no solo centraliza llamadas telefónicas, sino que es mi puerta hacia Internet y mi correo electrónico, la prensa diaria; es la vía de comunicación con mis familiares y amigos, mi cámara digital e, incluso, en los últimos dos años, se ha convertido en mi televisión. Esto es debido a que, como trabajo y estudio, no dispongo de mucho tiempo para sentarme a ver “la caja tonta” por las noches o para comprar un periódico por las mañanas así que lo uso para acceder a estos medios en su formato digital y on line cuando realizo mis desplazamientos en el metro (casa-universidad-trabajo-casa). Además, para mí, es este el sistema más fácil de consultar el correo electrónico puesto que puedo hacerlo con apenas pulsar tres botones, y la vía más instantánea y eficaz para comunicarme con mis compañeros –Whatsapp-. Por todo ello, mi smartphone (junto con Internet) se ha convertido en el objeto más suculento y atractivo, así como en mi tentación favorita de mis últimas 24 horas.

Aunque, esta experiencia tiene una parte negativa que contaré más adelante, ha tenido algo muy positivo: las relaciones con los demás. El hecho de no haber podido recurrir, por ejemplo, a Google Maps para que me dijera dónde está la famosa Mezquita-Catedral y tener que preguntar al primero que me encontré por la calle o, simplemente, el hecho de abandonar el teléfono y todo lo que este implica –Whatsapp¸ correos electrónicos, llamadas y entretenimientos varios en la red: YouTube, Apalabrados, Triviados,…- ha hecho que me haya centrado más en lo que tenía delante, en aquellos que me rodeaban y que muchas veces ignoro por culpa de la “maldita” tecnología. Y así, gracias a este abandono, ha sido como me he dado cuenta de cuánto tiempo hacía que no tenía una larga y tendida conversación con mi madre o mi hermano y que me pueden contar cosas mucho más interesantes que Twitter o Facebook.

No obstante, he de reconocer que no todo ha sido “un camino de rosas”. Al principio me fue fácil aguantar sin la tan “amada” tecnología porque estaba con mis familiares más cercanos y no tenía la necesidad que tengo a diario de llamarles para poder comunicarme con ellos –vivimos en diferentes ciudades– pero, a medida que el tiempo pasaba, me iba sintiendo más y más inquieta. De hecho, cuando llevaba unas quince horas sin medios (siendo las diez primeras de sueño, en las que más fácil fue aguantar sin mis gadgets), empecé a sentir una terrible angustia: ¿y si alguien de clase me había escrito algo súper importante en un e-mail? ¿Y si algo extraño había pasado en la oficina y me necesitaban? Y si, y si, y si,… millones de preguntas extrañas y paranoicas rondaban en mi cabeza.

Afortunadamente, he podido evitar la tentación y, aunque he estado un poco nerviosa en algunos momentos, he de decir que en otros me sentía totalmente aliviada. Ha sido una sensación bastante extraña: una mezcla de agobio y nervios por lo que pudiera estar pasando en la Red y una especie de tranquilidad por estar “justificado” el no poder enterarme de nada por tener que estar desconectada.

Y tú, ¿te atreves a intentar conseguir el reto? ¿Cuál es el medio que más te costaría “desconectar”? Yo, por mi parte, ¡me sigo quedando bien agarradita a mi smartphone!

Jennifer García Carrizo

desde Madrid



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