Teufelsberg, los escombros del espionaje durante la Guerra Fría

Hay algo grotescamente atractivo en los edificios abandonados que permanecen inmutables al paso del tiempo, ruinas silenciosas, anegadas por la herrumbre y testigos impasibles de lo que en otro tiempo aconteció entre sus muros y paredes. En el colectivo imaginario de los entornos olvidados, uno de los más curiosos tal vez sea Teufelsberg, escenario lúbugre y recóndito de 6 generaciones de proyectos, incluyendo universidad nazi, complejo deportivo, centro de espionaje y sede para una secta esotérica de la mano de David Lynch, su último propietario. Como concebir una visión tan caleidoscópica de un lugar así? Pues partiendo de la base, todo ello se asienta en una montaña artificial al este de Berlín.

Como es debido, empecemos por el principio, porque ya tendremos tiempo de comentar el deterioro del edificio abandonado seleccionado para nuestra sección de Arquitectura Muerta, antes, debemos comprender de donde surge una colina sobre la que se asienten tantas historias lóbregas y tétricas.

Junto al bosque de Grunewald, en la parte occidental de la ciudad alemana, se erige La Montaña del Diablo, un monte creado a partir de los restos y escombros provocados por la II Guerra Mundial en Berlín. Los casi 30 millones de metros cúbicos de cascotes que se desmenuzaron por las calles berlinesas durante los bombardeos, fueron apilados en esta zona hasta obtener la cifra de 110 metros de altura sobre el nivel del mar. Toda una auténtica montaña sobre la que se aposentaron pastos, arboledas y sendas.

La primera curiosidad sobre el asentamiento está en el hecho de que se proyectó no sólo con el fin de dar salida útil a la cantidad de desechos heredados, sino que pretendía sepultar el antiguo edificio de la Wehrtechnische Facultat, una escuela militar nazi diseñada por el arquitecto Albert Speer a petición de Hitler. La solidez de la construcción impidió que ésta fuera demolida por lo que la solución más factible fue taparla.

La colina albergó durante años rutas de paseo, paredes de escalada e incluso instalaciones deportivas para la práctica del esquí. Sin embargo, la construcción que más peso tenía y que acabaría imponiéndose, sería la sede del centro de espionaje y decodificación de la NSA (Agencia Americana de Seguridad Nacional), cuyo papel durante la Guerra Fría fue muy importante en la interceptación de mensajes y control estratégico de las comunicaciones de la Europa del Este y que se ubicó en la cima de la montaña.

Sus edificios, hoy en día abandonados desde la década de los 90 tras la desmantelación del Telón de Acero y el final de la Alemania dividida, han sido reclamo de graffiteros, músicos callejeros y muchos turistas alternativos que prefieren las sendas un puntito más tenebrosas de lo habitual. Sólo si nos adentramos en el complejo, las laderas del montículo siguen ofreciendo un escenario perfecto para el senderismo y el deporte de montaña, pero Teufelsberg puede ofrecernos una visita mucho más lóbrega y grotesca si entramos en la edificación principal. Sus torres y radares parecen ofrecer el eco de mensajes del pasado, como si todavía discurrieran por sus pasillos los secretos de media Europa.

A falta de un proyecto mejor que reciclase el uso de sus instalaciones, el director de cine David Lynch se hizo con la propiedad, con el extravagante objetivo de construir una universidad de la congregación Tranzendentalle Meditation, a la que pertenece.
 

© Horst und Edeltraut
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Chisco

desde Granada



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