‘El crisantemo y la espada’. Guía para entender la mentalidad japonesa

En 1944, los Estados Unidos ya anticipaba su victoria en la Segunda Guerra Mundial. Pero a diferencia de lo que ocurría con otras naciones occidentales, el pueblo japonés suponía un misterio para los norteamericanos debido a su carácter aparentemente contradictorio. Por ello, se encargó un estudio sobre la cultura y los valores nipones a la antropóloga Ruth Benedict, con el fin no sólo de acelerar la victoria sino de que la ocupación norteamericana del Japón se llevase a cabo con el mínimo de problemas.

Los resultados de la autora se publicaron en este ensayo dos años después de su encargo, convirtiéndose al instante en un clásico sobre el tema. El título ‘El crisantemo y la espada’ alude a las paradojas del estilo de vida de los japoneses, leales en extremo pero a la vez capaces de traicionar, sumisos, pero al tiempo difíciles de controlar, corteses e insolentes. Dado que Benedict no podía visitar Japón al estar entonces en guerra con los Estados Unidos, realizó extensas entrevistas a multitud de japoneses residentes en Estados Unidos, que complementó la lectura de textos y el visionado de películas niponas.

La dificultad para entender los valores de la cultura japonesa es que no se basa en la dualidad de conceptos del bien y el mal, y mucho menos en la culpabilidad del pecado y la facilidad de la tentación frente al esfuerzo por hacer el bien. Al contrario, los japoneses piensan que el alma de un hombre es como una espada nueva: afilada y brillante. Determinadas acciones pueden “oxidar” la espada. Será entonces el momento de limpiarla y quitar la herrumbre para que quede como debería estar. Según la ética japonesa, el individuo simplemente ha de hacer lo que le corresponde, y lo hará de buen grado, pues esa espada nueva y brillante es su estado natural, y no una meta que alcanzar. Simplemente es como debe de ser. En ese sentido, el pueblo nipón es deudor de las edades y la razón de sus jerarquías es que todos ocupan el lugar que deben tener en el mundo.

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La moral japonesa se divide en “círculos” (ámbitos) de obligaciones. Algunas de estas obligaciones se adquieren de forma pasiva, por el mero hecho de existir (como el on),  por ejemplo la lealtad al emperador (el individuo que ocupa el lugar supremo en la jerarquía japonesa) o el respeto al padre. Otras se adquieren de una forma recíproca (como el gimu y el giri), por las acciones que realiza el individuo o por los actos de otras personas para con él.

La mejor analogía de estas obligaciones es la del pago de las deudas. Cuando un individuo tiene una deuda, su saldo es negativo, y sólo cuando salde esa deuda volverá a estar a cero. De la misma forma, un japonés estará obligado a reestablecer su saldo. Algunas “deudas” nunca se podrán saldar, como el on al emperador, pero siempre se hará el esfuerzo por no incrementarlas aún más. Otras pueden devolverse total o parcialmente, en un plazo determinado o sin límite de tiempo, en función del ámbito al que correspondan. La consecuencia directa de este sistema de “deudas” es el orgullo y la reticencia de los japoneses a aceptar regalos y favores, con el fin de no sentirse deudores. Las palabras de agradecimiento en lengua nipona expresan a la vez sentimientos de vergüenza y acomplejamiento. Pero también explica en parte por qué los japoneses no son dados a tener gestos desinteresados, pues saben el efecto que éstos tendrán. Ofender el nombre o la reputación de uno también supone una deuda, y el ofendido tiene el deber de restituir su reputación, de ahí que la venganza se acepte como adecuada en según qué casos.

Otra consecuencia de este sistema de círculos es que permite al individuo disfrutar de determinados placeres que según la moral occidental serían motivo de vergüenza. Un ejemplo es el placer de los sentidos: comer, beber, dormir e incluso tener relaciones sexuales. No hay nada de malo en que un hombre de negocios japonés se emborrache en una cena. Lo importante es que el disfrute de los sentidos ocupe su lugar, y no interfiera con el resto de obligaciones. Un hombre casado podría incluso requerir los servicios de una prostituta, incluso con el conocimiento de la esposa, sin que esto se vea como algo censurable. O al menos era algo factible en los años 40. Y siempre y cuando estos placeres carnales ocuparan el lugar que le corresponden.

Para terminar, una diferencia más con el carácter occidental. Y es que los japoneses no necesitan seguir siempre el mismo código para conseguir una meta. Cuando Japón vio que no podía obtener su lugar preferente entre el resto de naciones mediante la guerra, optó por cambiar de estrategia e intentarlo por métodos pacíficos. Una vez el emperador capituló, el pueblo lo siguió. Los japoneses se mostraron especialmente atentos y colaborativos con los soldados del bando aliado que ocuparon la zona. Este cambio de actitud, sospechoso para los occidentales, era perfectamente natural y no suponía ningún conflicto para el sistema de pensamiento japonés.

En definitiva, ‘El crisantemo y la espada’ es un libro imprescindible para los amantes de la cultura japonesa. Es de esperar que los japoneses hayan evolucionado en determinados aspectos del día a día con respecto a la realidad de los años 40 descrita en el libro. Pero por lo general es una obra muy recomendable para entender las diferencias en las estructuras de pensamiento de los japoneses.

Datos bibliográficos

  • Título: El crisantemo y la espada
  • Autora: Ruth Benedict
  • Taductor: Javier Alfaya
  • Título original: The chrysantemum and the sword
  • Editorial: Alianza Editorial, (c)1974, 2003 (originalmente publicado en 1946)

Tahúr Manco

desde Madrid



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Un comentario sobre “‘El crisantemo y la espada’. Guía para entender la mentalidad japonesa

  • el 3 junio, 2013 a las 10:15
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    Un artículo muy interesante, en especial la parte concerniente a las deudas.

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