‘Django desencadenado’, Tarantino aterriza en el western, clamando venganza

Quentin Tarantino estrena una película y todos corremos a ver qué nueva gansada ha hecho. Esto es así. La condición de icono contracultural es lo que tiene, que llama la atención todo lo que hagas. “Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”, por eso en malas manos una proyección así tendría el riesgo de jugarnos una mala pasada en cuanto nos descuidemos (veáse Kevin Smith o Jordi Mollá) sucumbiendo a la presión de que todo lo que hace uno deba ser bueno y resbalando de la genuina originalidad al amargo lecho del “tío, tú antes molabas”. Cien mil ojos escrutando lo que haces, no dejan títere con cabeza si la cosa es un fiasco. Pero ‘Django Desencadenado’ no defrauda y emperrarse en los detalles que la desmerezcan no es más que el encabezonamiento de quien no quiere ver.

Cierto es que la carrera cinematográfica de Tarantino atesora altibajos y desilusiones constructivas que a veces relajan las ganas de encumbrarle como un dios cinematográfico. Mejor. Tener los pies en la tierra mejora el resultado (y si no que se lo digan a Spielberg. O no, que se enfada). También es cierto que a lo que Tarantino llama “homenaje” y “referencia cinéfila” otros le podrían llamar plagio o copia, pero eh, señores, a quién le importa que las escenas clave de sus películas sean calcos visuales de otros títulos (más o menos clásicos, más o menos de culto), si el conjunto de su trabajo es tan estimulante y comprometido con el resultado? A QUIÉN?

No voy a entrar ahora en la hecatombe verborreica y propulsión creativa que compone la filmografía de Tarantino (porque eso está en la lista de monográficos pendientes del blog), pero centrándonos en su último título es imposible no tratarla como un conjunto, como una relación directa con todo lo que ya se ha dicho en sus películas. El cineasta violento le llaman. Por favor, habéis visto una sesión del congreso en Korea o las noticias en cualquier pueblacho de Wisconsin? El ser humano es violento. Y cabrón. Un cabrón violento que se devora a sí mismo y eso Quentin lo sabe, lo explota, lo utiliza.

‘Django desencadenado’ es la historia de una búsqueda (como no?) tanto interior como exterior. La interior hacia la libertad y el sentimiento necesario para el hombre de sentirse dueño de su destino. La exterior es la más cinematográfica: dos cazarrecompensas (uno alemán y el otro negro) en el far west americano de los duelos al sol y las noches al raso, persiguiendo forajidos y siguiendo la pista de la mujer de Django (Jamie Foxx), esclava negra vendida al mejor postor.

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Hasta aquí todo normal. Un relato cargado de humor, ironía, crítica social (sin ser Ken Loach pero con su granito de censura ante las injusticias) y un ritmo pausado, un western tranquilo. Hasta que se acelera, cuando los diálogos agudos y las intertextualizaciones de ghetto neoyorquino en pleno oeste se detienen, las balas empiezan a llover, la chulería western se activa y a pesar de que los chorros de sangre, casi no nos dejen ver el bosque, nos adentramos en un film de tiros y cabalgadas hacia el sol poniente con mucho estilo, con buen gusto y mejor acierto en la ubicación de cámara (marca de la casa) y en el lenguaje del movimiento corporal, que tanto le gusta al director.

Porque ahí es donde les duele a los más críticos. Tarantino tiene la capacidad (y el acierto) de saber en qué charcos se mete y ha mamado mucho cine, como para que le tiemble el pulso a la ahora de hacer una buena película de vaqueros, con sus arquetipos, sus rápidos pistoleros y su música de armónica. Sólo que no se queda en eso, en lo fácil, en el costumbrismo de la frontera y el cuatrero con aire romántico. Entre otras cosas, porque en esta película está Christopher Waltz. Ese actor (cualidad de unos pocos escogidos) que cada minuto suyo en pantalla es un reto. Un desafío para no reírse, un envite a nuestro gusto por las buenas actuaciones, contundentes, impactantes. SOBRESALIENTE. Sin más.

El diálogo inicial de la película (ese delicioso reclamo de todos los títulos de Tarantino) se torna en esta ocasión socarrón y más creativo que en sus últimos trabajos. Seguramente gracias a Waltz, pero también gracias a que el lenguaje del género abre más la cámara a lo que acostumbra el cineasta de Knoxville y eso le confiere casi un apunte de acción más que de coloquio.

A partir de ahí una entrega total al estilo de su director, enredando al espectador en un juego de referencias y triangulaciones fílmicas con sus otros títulos. Nueva incursión en el tema de la venganza (por el maltrato a la mujer en ‘Kill Bill’, por la masacre genocida de los nazis en ‘Malditos bastardos’…) cerrando así una posible trilogía (si es que no encuentra un nuevo motivo para engatusar a un rabioso personaje de los suyos en una nueva epopeya de vendetta) sobre la reparación histórica.

Canaliza su habitual violencia con un fin, por una razón de peso. Curiosamente, dándole la vuelta al a tortilla. Si en ‘MB’ era un americano el que le daba lo suyo a los alemanes, en ésta, es un teutón el que pone en su sitio a un montón de yankis al otro lado de la ley. Todo el mundo tiene heridas que cerrar, o que vengar. Que cada perro se lama su cipote.

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Y mientras tanto, Tarantino sigue a su juego en la dirección de actores, que es otra de sus bazas fuertes. Recuperar actores del olvido (Travolta, Madsen, Kurt Russell , Carradine, Don Johnson… Sonny Crockett por dios!) y catapultar a los consagrados sacando lo mejor de ellos mismos (Keitel, de Niro, Willis, Michael Parks, ahora Di Caprio), como en el caso del mencionado Waltz o de Samuel L. Jackson, que cada nuevo papel, cada perla preparada especialmente para su lucimiento (desde aquel Jules Winnfield para el recuerdo) redimensiona su concepción de genial actor. Jodido negro Tío Tom. Buenísimo.

Y hasta aquí puedo leer sin spoilear demasiado. Las cantinelas del doctor Schultz ante cada hombre muerto que deja a su paso (careto de circunstancias de los pueblerinos rancheros ante sus explicaciones, incluido) y el corto pero intenso cameo del propio Tarantino (esa dinamita, man) son de los detalles que más se grabarán en la memoria, pero preparaos a disfrutar de casi tres horas de buen cine y mejor humor. Qué más queréis?
 
 

Película: Django Desencadenado
Dirección y guión: Quentin Tarantino
 
País: USA Año: 2012
Duración: 165 min Género: Western
 
Interpretación:Jamie Foxx (Django), Christoph Waltz (Dr. King Schultz), Leonardo DiCaprio (Calvin Candie), Kerry Washington (Brommhilda), Samuel L. Jackson (Stephen), Walton Goggins (Billy Crash), Dennis Christopher (Leonide Moguy), Don Johnson (Big Daddy), James Remar (Butch Pooch / Ace Speck), James Russo (Dicky Speck), Franco Nero (Amerigo)
 
Montaje: Fred Raskin
Fotografía: Robert Richardson
 
Distribuidora: Sony Pictures
Estreno en España: 18 Enero 2013
Django desencadenado

Vic FS

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2 comentarios sobre “‘Django desencadenado’, Tarantino aterriza en el western, clamando venganza

  • el 5 febrero, 2013 a las 15:51
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    Pues yo tardé un poco en verla, el finde del estreno estaba fuera y el día que fui al cine algún gracioso de la sesión anterior vació un extintor en la sala y nos quedamos sin poder entrar, lo que me hizo darme cuenta de lo ansiosa que estaba por ver la peli. A la tercera va la vencida, y por fin pude ver el super peliculón que se ha montado el amigo (reconozco que muy objetiva no soy, porque soy super super fan de sus pelis ¡cómo me molas Tarantino!!!!).
    Sangre que salta por los aires, no me lo imagino en 3D, un Christopher Waltz que se sale de principio a fin, sobre todo en el fin jejejejjeje, momentos de violencia totaaalmente desatada, en los que no podía dejar de aplaudir, pero bajito para no molestar, la grata sorpresa de la genial interpretación de Samuel L. Jackson. En fin, que lo pasé en grande, creo que la última peli en la que disfruté tanto fue cuando de pequeña me llevaron a ver el libro de la selva, pero la temática era muy diferente…
    El caso es que ahora la quiero ver en V.O. (subtitulada que si no me pierdo) porque si tengo que buscar algo que flojea un poco, pues diría que es la interpretación de Di Caprio, que me esperaba más y quiero comprobar si el problema está en el doblaje (como creo que pasa con Brad Pitt en la escena que elige a los bastardos en MB, os invito a comprobarlo) o en que después de pegarte con el director, se te quiten un poco las ganas de hacer el papelón de tu vida en su peli…

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    • el 5 febrero, 2013 a las 16:36
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      Con respecto a Leo, completamente de acuerdo. Se nota mucho cuando no hay química con Tarantino, pues los actores desaprovechan una oportunidad de oro para hacer un papel memorable.

      Con respecto a la V.O., de acuerdo, pero rompo una lanza por el doblaje en nuestro país con gente tan buena que no me imagino a ciertos actores sin sus “voces de aquí”… El caso de Waltz, uno de esos ejemplos…

      Respuesta

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