Javier Cercas, la progresión de un gran escritor

Javier Cercas podría haber seguido indagando sobre episodios de la Guerra Civil. Podría haber hecho un Soldados de Salamina II y un III, podría haber usado los recursos de otros escritores que optan por dejar sus obras con los suficientes flecos para, si obtienen el éxito esperado, retomar la historia y mantener enganchados a su público. Pero supongo que Javier Cercas no vive tan pendiente de vender millones o de eso tan mercantilista de fidelizar: lo veo más pendiente de preservar su calidad como escritor, de mantener ese difícil equilibrio entre éxito de ventas y respeto crítico, equilibrio que dos palabras (best-seller) son capaces de poner en duda o directamente dinamitar.

Descubre la nueva novela de Javier Cercas, 'Las leyes de la frontera'

Debo reconocer que de la obra previa al boom de ‘Soldados de Salamina’ sólo he leído ‘El móvil’, novela corta donde ya empezaba a apuntar algunos de los recursos que constituyen un gancho en algunas de sus obras: el juego de confusión en que el propio escritor se incrusta en las tramas de  la novela, a veces usando su propio nombre y hechos auténticos de su biografía. Con lo que el lector se enfrenta a un potencial estímulo adicional, especular si los hechos son parte de la existencia real de Cercas o simplemente ha atravesado la línea de lo metaliterario, de lo falsamente biográfico, para penetrar en la pura ficción. Insisto: qué fácil le hubiera sido a Cercas estirar el mito de SdS, para pasar a ser uno de esos escritores que despachan obras a base de trilogías, o de series con personajes coincidentes. El éxito, hace ya algunos años, de ‘Soldados de Salamina’ (2001)  respondió a una especie de tormenta perfecta: la temática de la Guerra Civil expuesta a un enfoque no necesariamente de confrontación, un cierto tono confidente, una trama perfectamente construida y estructurada, pero, por encima de todo, una ejecución sin mácula. Cercas sacaba ahí el mejor partido a su estilo directo, asequible, terriblemente adictivo. Sin apelar al sentimentalismo, sin desenterrar la lágrima fácil, la novela que puso a Cercas en lo alto del firmamento narrativo era capaz de colmar muchas expectativas.

Su siguiente paso fue La velocidad de la luz (2005), donde volvía a usar algunas de sus circunstancias (su estancia en Estados Unidos, algunos títulos de sus obras previas) para juguetear con el espectador, siempre expuesto a la especulación de si esa experiencia era real o era ficción. Su difícil novela después del boom tomaba cuerpo en base a experiencias de antiguos soldados de la guerra de Vietnam. Desterrando, por parte, el sencillo truco de apelar al público al que atrajo la anterior, era una novela algo más difícil, con una estructura algo más clásica (sin desplazamientos temporales tan tajantes), pero conservando intactos sus valores literarios. Obviamente no fue el libro que las señoras leyeron ese año en las hamacas de la playa, obviamente fue un libro con un temperamento menos amable y algo más sórdido. Seguro que no vendió ni la mitad, pero lo que Cercas perdió en volumen de determinado público lo compensó generosamente en respeto crítico.

‘Anatomía de un instante’ (2009), su siguiente libro, fue la obra de un escritor liberado de presión y abocado a escribir con libertad de lo que se le antojara. Un largo ensayo, más de 450 páginas, sobre los hechos relacionados con el intento de golpe de estado de Tejero en 1981, que, en manos de cualquier otro (no especularé, no lo haré) hubiera sido un tostón inaguantable, pero que Cercas convirtió en una estimulante pseudo-ficción política (porque todo lo que aparecía en el libro estaba estrictamente contrastado) de lectura irresistible, de mensaje que por su transparencia era revelador de la opacidad de los hechos. Un ensayo que, subliminalmente, levantaba ampollas pero que, curiosamente dada su condición de escritor de elevada difusión, no llegó a tener una repercusión en lo que respecta a las opiniones vertidas y a las realidades sacadas a la luz. Escrito, por supuesto, en un estilo brillante.

Hace unas semanas se ha publicado su nueva novela, titulada ‘Las leyes de la frontera’, en la que Cercas vuelve a trazar un flash-back temporal, situando su acción en Girona en los últimos años 70, en pleno apogeo del fenómeno quinqui, y convirtiendo en protagonistas a un curioso trío sentimental: El Gafitas, delincuente juvenil que ve y aprovecha la oportunidad de redimirse, El Zarco, delincuente juvenil que ni ve ni busca esa oportunidad, y La Tere, objeto teórico del deseo de ambos.

Esta vez el narrador queda en un segundo plano más acusado: los conocedores de su obra podremos especular con algunas de las características o de los hechos vitales de algún personaje, pero ahora estamos seguros de que no es Cercas escondiéndose tras un personaje. ‘Las leyes de la frontera’ vuelve a ser un acierto colosal, una novela que se lee sin respiro y en la que, a medida que los hechos se suceden y nos acercan a la realidad de ese fenómeno autodestructivo y desprovisto del mínimo glamour, no renuncia a introducir mensajes de mayor calado; la escena social, las desigualdades que en las grandes ciudades fueron el caldo de cultivo de un fenómeno tan notable, la falta de oportunidades, la incidencia de la política, de las autoridades penitenciarias, de la vida en las cárceles, los medios de comunicación, la droga, el nihilismo de una generación que nos parece muy lejana pero que está ahí al lado.

Francesc Bon

desde Barcelona



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