MS1: Máxima Seguridad. La Fortaleza Infernal espacial

Luc Besson, en calidad de productor, nos trae una cinta que se enmarca dentro del subgénero de fuga de cárceles, con infiltrado incluido, esta vez trasladado al espacio. Lejos de llevar el género a nuevas fronteras (puristas de la física, absténganse), la ubicación de la prisión en la órbita terrestre es una excusa para reforzar su condición de inespugnable. Los tópicos del género se repiten para deleite de sus incondicionales.

MS1: Máxima seguridad
© Aurum / Europa Corp

Snow (Guy Pearce) es acusado de asesinato y va a ser sometido a estasis para después pasar 30 años en la prisión espacial MS1 en ese estado. Sin embargo, coincidiendo con la visita diplomática de la hija del presidente de los Estados Unidos (Maggie Grace), se produce un motín. Hay un cambio de planes, y Snow tendrá que ir a la MS1, pero como infiltrado y con la única misión de rescatarla.

Guy Pearce (‘Memento’, ‘L.A. Confidential’) protagoniza este film, acompañado de Maggie Grace (‘Perdidos’, ‘Venganza’, ‘Amanecer’ 1 y 2) y secundado por un plantel de los que destacan Peter Stormare (‘Armaggedon’) y Joseph Gilgun (‘This is England’, ‘Misfits’) en el papel de psicótico un poco pasado de rosca. Los directores James Mather y Stephen Leger saltan al largometraje después de dirigir el corto ‘Prey Alone’, además de firmar el guión junto con Luc Besson.

La película funciona bien como entretenimiento si se es consciente de que no va a ver ninguna obra maestra. Tenemos todos los ingredientes del género: un héroe duro entre los duros, una rehén a la que salvar cueste lo que cueste, los presos más peligrosos posibles (el dúo formado por el cerebro frío y racional y el loco peligroso funciona bastante bien) al mando de la prisión, y miembros del gobierno con intereses no muy limpios. Todo ello salpicado de escenas de acción y diálogos más o menos ocurrentes.

Todo el peso del film recae en el personaje de Guy Pearce (genial la forma en que lo presentan), que aquí bebe de los más duros del cine como Bruce Willis en ‘El último Boy Scout’ o Arnold Schwarzenegger en su época dorada (‘Terminator’, ‘Depredador’, ‘Commando’, etc.). Un personaje que mola y se mola a sí mismo, y con el que los espectadores se reirán mucho.

Cartel de MS1
© Aurum / Europa Corp

Entre los problemas de la cinta está su irregularidad. Irregularidad por ejemplo en los efectos especiales: algunos son bastante decentes (las naves espaciales) y otros parecen una cinemática de un juego de PlayStation 2 (sí, he dicho 2). Irregularidad también en el ritmo, bueno en el primer acto, algo lento en el segundo, y muy apresurado a la hora de mostrar el desenlace. Un desenlace que si bien es correcto en el fondo, es una chapuza en la forma.

A pesar de todo, es una película palomitera que gustará a cierto tipo de público. Si no se encuentran mejores opciones en la cartelera (o ya están vistas), merece la pena ir antes que bajársela de internet o esperar al DVD.

Tahúr Manco

desde Madrid



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