Javier Calvo se consolida con ‘El jardín colgante’

1977. España está en los excitantes momentos de la transición de una dictadura a algo que quiere parecerse a una democracia.

Los servicios de inteligencia se enfrentan a situaciones antiguamente implanteables:  que aquellos a los que han investigado y combatido por todos los medios puedan pasar a ser sus responsables, merced a unos resultados electorales. Que los perseguidos del ayer sean hoy los perseguidores. Se impone una necesidad de reciclaje, que además deberá pasar por hacer desaparecer algunas de sus anteriores acciones u ocultar sus detalles más comprometidos.

Una novela trepidante de Juan Calvo, 'El jardín colgante'

En medio de ese clima de confusión, se pone en marcha una operación para infiltrarse y desmantelar un grupo terrorista de corte ultraizquierdista.  Un maquiavélico funcionario es el encargado de planificarla. Por medio, agentes dobles, fanáticos, novatos prematuramente desencantados. Bares en Barcelona, la eclosión del punk, el aire de la ciudad ensuciado por la ceniza producida por el impacto reciente de un meteorito.

Ese es el escenario en el que Javier Calvo sitúa su novela. Más madura y estructurada que ‘Mundo maravilloso’, con un ritmo trepidante y una percepción inminente de que algo importante va a pasar. Javier Calvo es joven: escribe cada vez mejor y empieza a desarrollar su propio estilo, dentro de lo que podríamos decir que es una generación de narradores influidos por la estética contemporánea y los gustos urbanos de los últimos 30 años: Amat, el fallecido Francisco Casavella, Fernández Mallo, Gopegui. Quizás sea el más destacado. Seguramente todos los autores a los que ha traducido brillantemente (Palahniuk, Ray Pollock, etc.) han ayudado aún más a conformar su estilo. Una brillante novela.

Francesc Bon

desde Barcelona



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