Freaks and Geeks, una serie de culto

En septiembre de 1.999, la NBC estrenó Freaks and Geeks, una serie que a pesar de ser cancelada durante su primera temporada (o tal vez a consecuencia de eso), ha conseguido hoy en día el estatus de “serie de culto”. De los 18 episodios que se rodaron, sólo se emitieron 12, aunque posteriormente la propia NBC emitió 3 episodios más en julio de 2.000, y en septiembre de ese año se pudieron ver los 3 restantes a través de uno de los canales de la Fox. Más tarde, la serie completa se editó en DVD.

Freaks and Geeks

Abrid la Wikipedia o la IMDB porque el reparto que tiene es para quitarse el sombrero, claro que algunos de sus miembros estaban empezando sus carreras, y en algunos casos la serie les lanzó al estrellato. Protagonizada por Linda Cadellini (las pelis de Scooby Doo, Emergencias) y John Francis Daley (Bones), cuenta además con James Franco (saga Spiderman), Jason Segel (Cómo conocí a vuestra madre), y Seth Rogen (Virgen a los 40, The Green Hornet) entre otros.

El título nos puede confundir un poco, ya que aquí tenemos una cierta idea de lo que son los freaks y los geeks que no se corresponde con la serie. Los freaks vienen a ser los chicos malos, los “colgados” que fuman marihuana y escuchan rock en una época (la acción transcurre en 1980) en la que el punk aún era fuerte y coleaban la música disco y el espíritu hippie. Los geeks, en cambio, son los pringados, los pardillos, los que leen cómics y ven ciencia ficción (y muchas series y películas) aunque no sean especialmente aficionados a la tecnología ni los ordenadores.

Freaks and Geeks cuenta las vivencias de dos hermanos, Lindsay y Sam, en el instituto donde estudian, en un suburbio ficticio de Detroit, y cómo intentan encajar en el mundo que les rodea. Así, Lindsay, que antes era estudiante modelo y participaba en competiciones de matemáticas, comienza a salir con una pandilla de freaks. Mientras que Sam y sus amigos geeks tratan de sobrevivir al acoso de abusones y deportistas y sueñan con ser tipos populares y ligar con las animadoras.

La clave de esta serie es el tratamiento realista de unos temas bastante convencionales. Hay una buena estructura dramática de tres actos en los capítulos, pero se rehuye de las fórmulas edulcoradas donde se da todo mascado: los personajes sentándose a hablar para resolver sus diferencias y volver a ser amigos. Hay conflicto, hay tensión, y se resuelve en mayor o menor grado, pero de la forma en que lo hacen los adolescentes: hablando a medias, a veces sin saber expresarse, y dejando que las cosas se arreglen solas.

A este realismo ayuda un casting impresionante, en el que cada actor clava a su personaje y le da la apariencia exacta. Desde Kim (Bussy Phillips), una chica muy borde y que podría ganarte en una pelea, al Sr. Rosso (Dave “Gruber” Allen), el consejero escolar que tuvo un pasado hippie, pasando por Neal (Samm Levine), un chico con actitud de pequeño adulto que quiere ser stand-up comedian y actúa como si fuese un pequeño gigoló (seguro que se ha leído El Método). Y con independencia de la edad de los actores, son creíbles en sus papeles de chicos de 14 a 17 años.

Y como colofón, una genial banda sonora llena de bandas míticas de la época (años 70 y principios de los 80) como Van Halen, The Who, Styx… una música que refuerza el aire de autenticidad de la serie y enfatiza muy bien el feeling de los personajes (a muchos de ellos, espcialmente a los freaks, les encanta la música) en cada momento de la trama. Una banda sonora que, a pesar del lío de hacerse con los derecho de autor, se mantuvo en la edición en DVD. Para que os hagáis una idea, la secuencia de los créditos va acompañada del tema Bad Reputation de Joan Jett:

En conclusión, estamos ante una gran serie, que va mejorando con cada episodio. Los personajes no son planos, sino que están llenos de matices y de esas contradicciones que todos tenemos. Van evolucionando conforme avanza la serie (los sucesivos capítulos irán ahondando alternativamente en uno u otro). Las risas están garantizadas (yo me he reído a carcajada limpia) sin que sea una sitcom con risas enlatadas o gags repetidos hasta la náusea. Una serie sobre la búsqueda de la propia identidad en esos años difíciles del instituto donde uno siente que no encaja en ningún sitio.

No sé si los 18 capítulos son toda la temporada o si se quedó a medias (parece que se trata de la temporada completa). Habría estado bien tener una segunda temporada para ver la evolución de algunos personajes y resolver ciertas tramas que se quedan abiertas, pero se trata de una serie que da para dos o tres temporadas: alargarla más la hubiera estropeado. Quizá hay un par de personajes que dan un giro un poco brusco, pero en conjunto es una serie excelente, de ésas que se disfruta viendo lo que pasa y no sólo eperando lo que va a pasar.

La serie no se emitió en España, así que toca buscar en Internet o pedirle al Sr. Amazon que os la traiga. Os guste o no la versión original, es lo que hay, pero dudo que un doblaje al castellano hubiese estado a la altura.

Ah, y Linda Cardellini está adorable y enamora desde la primera vez que sale en pantalla. ¿Hacen falta más razones para verla?

Tahúr Manco

desde Madrid



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2 comentarios sobre “Freaks and Geeks, una serie de culto

  • el 21 diciembre, 2011 a las 17:24
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    La prota mola porque no la típica adolescente que no sabe cómo encajar pero no hace nada para resolverlo… no sé, no es como la mema de Crepúsculo, quiero decir xD me gusta porque tiene carácter. Una de las cosas más adorables y divertidas de la serie es cuando el padre de los protas les dice cosas como “¿sabes qué le pasó a la niña que quiso hacer X cosa? ¡que se murió!” xD ahora que lo pienso Busy Phillips también está ahora en Cougar Town ¿no? y tiene que haber salido en más serie y pelis…

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    • el 21 diciembre, 2011 a las 18:15
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      Uno de los personajes que más me han gustado es Bill, el más geek (y nerd) de los amigos geeks. La escena de los créditos refleja muy bien la actitud de cada uno: Ken (Seth Rogen) no sonríe ni a tiros, a Sam le hacen las fotos sin avisar, Neal va de tío guay… y Bill hace una sonrisa forzada que te partes.

      Gracias por comentar 🙂

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