‘Blackthorn’, el western intimista de Mateo Gil

Que un español se lance a rodar un western (sí, sí, una del oeste en toda regla), es algo digno de mención. Últimamente, nuestros realizadores disponen de un público más internacional gracias a producciones que los ponen en lo más alto del escalafón cinematográfico. Sin embargo, la valentía no siempre acompaña a nuestros experimentos fuera de las fronteras patrias. Conseguir que uno de nuestros compatriotas se meta en la piel de un realizador clásico americano para bailarles el agua en su propio terreno, decíamos que supone como mínimo que haya que echarle un vistazo.

'Blackthorn', el western intimista de Mateo Gil

Pero Mateo Gil, tiene en ‘Blackthorn’ mucho más que ofrecer que simple osadía. Nos plantea un spin-off de ‘Dos hombres y un destino’, una secuela con personalidad propia, que argumenta con la posibilidad de que Butch Cassidy, el mítico forajido que interpretó antaño Paul Newman, no hubiera muerto en aquél también inolvidable tiroteo en el que el ejército les tenía cercados a él y a Sundance Kid.

El cineasta español se la ha jugado con un proyecto, intimista, de un lirismo manifiesto para tratarse de una historia “de tiros”. La jugada le sale bien, pero con matices. Su esfuerzo técnico y visual es como mínimo poético. Recrear con simbolismo gráfico, sin pedanterías, sin clichés aburridos, pero con todas las referencias necesarias para emular sin fotocopiar, es un esfuerzo totalmente encomiable. Si se consigue. Y el señor Gil lo hace, se supera. Se abstrae al género en sí mismo y le saca todo su aliciente, para retratar un estilo cinematográfico que por otro lado no está preparado para ofrecer grandes hitos del cine (le pese a quien le pese).

Por un puñado de excepciones, se salva el western que para mi gusto siempre ha abusado de la fuerza interpretativa de sus actores principales, para esconder la flaqueza de la mayoría de sus guiones y este film europeizado se salva también, pero no convence. No estremece, si es lo que se pretendía.

La fotografía envuelve con un halo árido y seco la atmósfera de un desierto que se palpa. La banda sonora, con el permiso de grandes maestros, le viene a la película que ni pintada. Hablando de pintar, todo el film es como un cuadro de aplomo y entereza. Sam Shepard, borda un papel áspero, cargado de introspección y poco habitual en un pistolero de la frontera.

Sin embargo, Eduardo Noriega se lleva todo el mérito de tirar por tierra todo el esfuerzo anteriormente comentado. ¿Es posible? ¿Se le puede echar la culpa completamente? No, que va. Mateo Gil tenía la responsabilidad de no acogerse a viejas amistades a la hora de planificar sus castings. Por lo menos si quería que los demás nos tomásemos su trabajo completamente en serio. Si quería que disfrutásemos completamente de su película.

Incluso tiene un pase que no aprovechase más el corto papel de Stephen Rea para sacarle más jugo a un papel que podría haberse convertido en memorable (Alguien más piensa en el Hans Landa que interpretó Christopher Waltz en ‘Malditos bastardos’? Pues eso). Pero lo de Noriega no tiene nombre. Sin tapujos. Mejor en frío. Su interpretación, que es menos mala gracias a que su papel requiere de bigote, barba y pelos largos, deja tanto que desear que incluso ensombrece los momentos que comparte pantalla con Butch. Para olvidar.

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Película: BlackthornDirección: Mateo Gil
Guión: Miguel Barros

País: España, Francia y Bolivia Año: 2011
Duración: 98 min Género: Western

Interpretación: Sam Shepard (James Blackthorn), Eduardo Noriega (Eduardo Apocada), Stephen Rea (Mackinley), Magaly Solier (Yana), Nikolaj Coster-Waldau (James de joven), Padraic Delaney (Sundance), Dominique McElligott (Etta).

Producción: Andrés Santana, Ibon Cormenzana, Jerôme Vidal y Paolo Agazzi

Música: Lucio Godoy
Fotografía: J.A. Ruiz Anchía

Distribuidora: Alta Classics
Estreno en España: 1 Julio 2011

Blackthorn

Vic FS

desde Madrid



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