3D: El cine se reinventa. Otra vez

Hace año y medio, colgué una entrada en mi blog sobre mis impresiones acerca del cine en 3D tras haber visto ‘Avatar’. Y es que la película de James Cameron supuso el detonante de una oleada de estrenos en tres dimensiones. No era la primera vez que este tipo de cine aparecía en las pantallas, pero todos hablaban de que en este caso el 3D había venido para quedarse. Y es que todo este asunto ni es nuevo, ni diferente en el fondo. Se repiten los mismos esquemas.

La tecnología para filmar y proyectar imágenes tridimensionales, es casi tan antigua como el propio cine. Pero como suele ocurrir en los negocios, no es sólo cuestión de poseer una tecnología, sino de que ésta sea económicamente viable y pueda producir beneficios. Y los primeros sistemas se quedaron en la fase de laboratorio. No fue hasta 1922 cuando se proyectó la primera película comercial en 3D en las salas de Los Ángeles: ‘The Power of Love’, producida por K. Fairall.

Podemos ver en tres dimensiones gracias a que tenemos los dos ojos alineados frontalmente. La visión en profundidad la obtiene nuestro cerebro al sumar las imágenes que recibe de ambos ojos. Para lograr un efecto 3D en el cine se necesita filmar las escenas con dos cámaras, reproduciendo la recepción de la imagen en los dos ojos, y posteriormente proyectarlas de forma simultánea. Ya sólo falta algún tipo de filtro que nos permita separar de nuevo esas dos imágenes para que cada uno de nuestro ojos vea sólo una de ellas y pueda recrear artificialmente la sensación de tres dimensiones. Es decir, que para ver cine en 3D nos tenemos que poner gafas.

De las diferentes tecnologías propuestas para lograr esto, fueron dos sistemas los que se impusieron:

  • Anaglifo: consistente en superponer dos imágenes aplicando dos filtros, uno rojo y otro cian. El espectador lleva las populares gafas con una lente roja y otra azul (a veces roja y verde o roja y cian) para separar las dos imágenes. Era el sistema más barato y no requiere proyectores especiales.
  • Polarizado: en el que a las imágenes se les aplican filtros polarizados al proyectarse. Las gafas de este sistema, más parecidas a unas gafas de sol convencionales, tienen filtros polarizadores opuestos, que discriminan las dos imágenes y permiten que cada ojo vea una de ellas.

Tras algunas películas puntuales, hubo un boom de cine en 3D en los años 50, con muchas películas de terror producidas por la Hammer. Con todo, el sistema polarizado que se usaba en la época (que fue el que tuvo mejor acogida debido a su mejor calidad) tenía sus limitaciones. Los dos proyectores debían estar perfectamente sincronizados ya que si no se arruinaba el efecto, y no se veían bien desde las filas laterales. A lo largo de la historia, ha habido épocas de cierto revival del cine en 3D, a veces tirando de sistema anaglifo ya que en este sistema se pueden aprovechar los proyectores convencionales.

Un denominador común de las modas del 3D es que coinciden con momentos en los que el cine en salas se siente amenazado: en los años 50 la televisión empezó a generalizarse en los hogares norteamericanos. Los años 80, un retorno del 3D (ahí tienen la peli de Tiburón en 3D… no, la de ahora no, la de los 80 con Dennis Quaid)… o ahora, que hay tanta piratería en Internet… o eso dicen: la piratería ha afectado mucho menos al cine que a la música, y en el cine los más afectados son los soportes como el DVD, no la asistencia a salas. El actual cine en 3D ni es un fenómeno nuevo en la historia del cine, ni es muy diferente al que ya existía, puesto que consiste en la mejora de los diferentes sistemas aprovechando las tecnologías digitales. Podéis escuchar una historia más detallada en este podcast.

En pocas palabras, el cine en 3D es un reclamo para que el público acuda a las salas en tiempos de crisis, del mismo modo que también lo eran las películas de espectaculares efectos especiales y sonoros, que invitan a verlas en un buen cine más que en la comodidad del hogar. Y no es nada malo que se quiera mimar el éxito de una película en salas. Aunque con el tiempo el resto de ventanas de exhibición (alquiler y venta de vídeo y luego DVD, pay per view, televisión de pago, televisión en abierto, etcétera) han ido adquiriendo más importancia en la recaudación de un filme, la sala sigue siendo la primer ventana y la que repercute en todas las que vienen detrás.

Pero ¿funciona este reclamo? Bueno, en 2009 hubo un ligero aumento de espectadores respecto a 2008 (con el consecuente aumento de recaudación) que la FAPAE atribuyó al éxito del cine en 3D. Si bien en 2010 la espantada de espectadores fue notable, la recaudación no ha sufrido tanto varapalo. Ya sabemos que el precio de la entrada de cine va subiendo cada año, pero también sabemos que una entrada de cine en 3D cuesta, precisamente, 3€ más. En cuanto a las cifras de 2011, aún no se disponen de los datos definitivos. De momento, con las cifras del primer semestre, las 3 películas con mayor recaudación están disponibles en 3D, y de las 10 más taquilleras al menos la mitad tienen versión en 3D, aunque no sabemos qué proporción de espectadores acudieron a ver cada versión.

Desde la industria se nos intenta vender el cine en 3D como la evolución natural del cine, y lo comparan con el paso del cine mudo al sonoro. Esto es una falacia, y bastante gorda. El cine mudo pedía poder hablar para contar historias más interesantes y complejas, ya que los intertítulos no eran suficientes. Pero no necesitamos ver en tres dimensiones para disfrutar de una película, del mismo modo que podemos disfrutar de un cuadro o una fotografía aunque sea en 2D. Narrativamente, el cine en 3D se parece más al paso del cine en blanco y negro al color. Está bien disfrutar de una película en color, pero no es imprescindible, y la transición de un formato a otro se hizo poco a poco. Aún hoy, los grandes clásicos en blanco y negro se pueden ver perfectamente sin que se eche de menos el color. El cine en 3D se parece al sonoro en la necesidad de un cambio en la tecnología de las salas, sólo que ahora, con la existencia de los complejos multisalas puede darse la convivencia entre ambos formatos, cosa que no ocurrió con la transición al cine sonoro.

En conclusión, el cine en 3D es la resurrección de un reclamo que ya se ha intentado otras veces, aunque con mejor tecnología. No es imprescindible, aunque bien aprovechado puede quedar vistoso. El problema del cine en 3D es que muchas veces el continente pesa más que el contenido, y los directores novatos, cuando ruedan en 3D, recurren a escenas de “tirar cosas a la cara”. También hay mucho tramposo que rueda en 2D y después infla artificialmente la película en postproducción, lo que da lugar a resultados mediocres, como el remake de Furia de Titanes.

Y por supuesto, están esas insufribles gafas, sobre todo para los que ya somos unos cuatro ojos.

Tahúr Manco

desde Madrid



¿Quiéres saber más de mí?
Todas mis entradas    |    Ficha de autor

2 comentarios sobre “3D: El cine se reinventa. Otra vez

  • el 19 noviembre, 2011 a las 10:24
    Permalink

    claro que si, yo ya veía cine 3D en el 92 cuando fui con el colegio a la Expo de Sevilla.

    Me parece un reclamo que se llena del borreguismo de la masa social cuando le venden algo revolucionario y nuevo, todos en masa a verlo, y a comprar todo lo que se relacione con ello.

    Yo odio el cine 3D, se pierden cantidad de detalles, a principios de año estuve como loco buscando una tele nueva que no tuviera 3D… imposible, me tuve que comprar una con 3D, pero bueno con no ponerlo…

    Respuesta

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *