De piratería y televisiones: como maltratar las series propias

No me gustaría pecar de moralista ni de gurú de filosofías de vida, pero resulta que no me gusta usar páginas de descargas tipo Series Yonkis. No me gusta. Todo esto tiene que ver con la experiencia vital de un convencido de compartir y divulgar. En el caso de las series como decía, soy partidario de seguirlas de cualquier modo más acertado, como pidiéndole el dvd a algún colega, esperando semana a semana o bien, ahora que las televisiones han comprendido que contra la piratería se lucha con ingenio y no con demagogia barata, viendo los capítulos según los publican las cadenas en sus páginas web.

Pues bien, gracias a TeleCirco (esa estupenda cadena que ha evolucionado de la TeleTeta a la TeleBasura, en apenas veinte años), he decidido volver a las páginas de descargas. A las que quieren ilegalizar. A las que tachan de aprovechadas. Es curioso, pero unos cuantos cibernautas aplican más esmero y cariño a difundir y proponer que sigamos series de todo tipo, que las propias televisiones que las producen. Curioso, verdad?

Poco respeto por los espectadores
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Vayamos por partes, para que no parezca que venimos aquí a pegarnos contra todos los frentes. Aunque un poco sí. Este no es un alegato contra la piratería (el que suscribe se compró su primera Traxdata a 2x allá por el 94), porque la copia de archivos – ilegal o no – es un tema demasiado amplio y con muchos matices como para meternos ahora en camisas de once varas. El alegato es contra la incompetencia y la torpeza que reinan en nuestras televisiones, especialmente las privadas.

Saltándonos por tanto, los inicios, las cuestiones morales del asunto, el momento en el que compartir se convierte en abuso y todos esos aspectos de los que decía no íbamos a hablar, podemos plantarnos de un golpe en este momento actual que vivimos, en el que las industrias culturales en general buscan la manera de luchar contra la piratería, de conseguir que el público, devorador de cultura empaquetada mantenga el interés por comprar cosas en lugar de descargarlas.

En ese ambiente de crisis del sector generalizada, puede más que nunca el sentido de la frase “renovarse o morir” y supone que estos artífices de la distribución cultural tengan que rascarse las neuronas para sacar discos más atractivos, formatos de promoción más eficaces, argumentos de mayor calidad para las películas o presentaciones más consecuentes con las necesidades reales de producción-retribución.

Sorprende por tanto, por la necesidad que la situación ha impuesto, que las televisiones no hayan caído (o no hayan querido caer) en que internet puede ser su aliado y no su enemigo. La vida tremendamente ocupada de la mayoría de los mortales impide entre estudios, trabajos, actividades y aficiones seguir con asiduidad nuestra programación favorita. Series, programas de televisión, concursos, son seguidos por millones de espectadores que no siempre pueden estar delante de la “caja tonta”.

Por supuesto, hasta ahora, un espectador perdido era un euro mal invertido. Sin espectadores no hay publicidad y sin publicidad no hay series, no hay documentales, no hay programas de investigación, no hay nada. Pero que la gente no pueda (o no quiera) ver la televisión en el momento que se emite determinado programa, no quiere decir que esa misma masa social no quiera (o pueda) ver ese contenido en cualquier otro momento.

Hasta que las cadenas de televisión se dieron cuenta de esto (y tardaron) el mundo se difundía a través de videos de You Tube, para conseguir ver el momento cómico o la crispada discusión de actualidad de turno.

Las series por ejemplo, eran carne de página de descargas. Muchos preferimos ver nuestros contenidos sin publicidad, directamente al gaznate, un capítulo tras otro, temporada tras temporada, como verdaderos fagocitadores de cultura enlatada. Sin embargo, cuando te das cuenta de que tu serie favorita se cancela por falta de audiencia o tu presentador preferido cierra el programa que dirige porque la pasta no da para más y hay que echar el cierre, te planteas si no interesaría ver todo ese contenido que te gusta, con las mismas facilidades que en una página de descargas, asumiendo un poco de publicidad y un poco de autobombo.

Lo haces, te pasas cada día por la web de la cadena que emite las series que te gustan, esperas a que suban el nuevo programa del concurso en el que te gustaría participar y entras en una dinámica positiva que sirve (hasta tiempos y soluciones mejores), para paliar un poco el problema difusión/piratería de contenidos.

Pero entonces la cagas, entras en la espiral de la torpeza, la desfachatez y el mal gusto. Entras en el negocio que han montado los que no supieron retener al personal. Los que manejaban el cotarro y la cagaron con su público y ahora que entran al trapo de lo que todos piden la vuelven a cagar. Me explico mejor.

Uno podría pensar, que los canales de televisión de hoy día, gestionados por directores de contenidos, jefes de redacción, community managers, cool hunters y demás eruditos de la Sociedad de la Información, han sabido adivinar las necesidades de su público ante su estampida de los años pasados a favor de los contenidos malos pero gratis. Pero no. Son tan inútiles, que incluso cuando la tecnología les pone en bandeja recuperar su clientela, ellos van y meten la pataza. Porqué? Porque no respetan nada.

Me mantengo en el tema de las series, para que sirva de ejemplo. Maltratadas, ellas y sus espectadores. Si no es bastante con que el baile de horarios en la parrilla (asunto que atiende a la aritmética absurda de las cuotas de pantalla, que ni entiende de gustos, necesidades o intereses de su público) encima se esfuerzan para que en internet, donde todo se facilita, todo sea más difícil.

Conseguir que una cadena española (excepto RTVE, démosles ese reconocimiento al menos) agrupe, actualice, programe y gestione correctamente sus contenidos en su propia web, es como pedirle a un enfermo de Parkinson que te “mire la sarten” mientras cocinas. Puede que pruebes bocado, pero seguramente acabes de pisto manchego hasta las orejas. Una cagada vamos.

TeleCirco, como decía al principio es sin duda la peor. Encima se permiten el lujo de proponer contenidos de pago (como si no pagaras bastante impuesto revolucionario aguantando la obligada publicidad) ofreciéndote finales de series antes de tiempo, capítulos especiales inéditos o estrenos de títulos esperadísimos.

No lo hagáis. Volver a vuestra página de enlaces favorita y disfrutar de vuestras series preferidas, completas, sin cortes, con subtítulos, en el orden correcto de emisión, sin fallos en el streaming, etcétera, etcétera.

Un amigo nuestro (ese Pacheco, oe) nos comentó el otro día como había sido incapaz de ver completo el capítulo de ‘Homicidios’, la nueva serie de Eduardo Noriega, que ofrecían en la web en primicia, a cambio de un sms. El tema no es que nuestro amigo pagara por eso. Que no, les digo, que ese no es el tema. Que se callen COÑO, que aquí estamos para hablar de mi LIBRO!!!

La cuestión, es que para que uno pague algo, sea por lo que sea, ese algo debe tener un mínimo de calidad y funcionalidad, por lo menos la misma que se anuncia y promociona. A pesar de que las webs de cadenas extranjeras como las americanas o las francesas, llevan años currándose los contenidos online, aquí en España tenemos mentecatos al frente de páginas que funcionan peor que el foro más cutre de hospedaje gratuito que administren dos  adolescentes con acné profundo y cara de nerds.

Nuestro colega nos hizo pensar en las muchas veces que hemos sufrido en nuestras propias carnes, la mala técnica de los “técnicos” de esas webs. Streaming de vídeo que se “peta” aún con una potente conexión de cable, contenidos de pago a los que el plugin les hace crack en medio del visionado, temporadas enteras de series que no se pueden ver en webs que podrían almacenar miles de capítulos en buenas bibliotecas multimedia, pero sobre todo, por encima de todo, el narcótico estilo que tienen los programadores para encajar la publicidad en las reproducciones. Me recuerda a los canales secundarios de las grandes cadenas que nos han llegado con la TDT. Anuncios que cortan escenas de tensión, varias salidas a publicidad en menos de 8 minutos de emisión, publicidad endogámica que disuade más que alienta.

Llamaría ineptos, a los encargados de las webs, si no supiera que el que probablemente ponga el criterio de cortes sea una máquina. Tan difícil es colgar un banner que anuncie un nuevo capítulo que de verdad enlace correctamente? Que propongáis a la audiencia ver el capítulo en primicia y que no pasen 12 horas hasta que de verdad se pueda ver?

Si la mitad del espíritu y empuje que motiva a las páginas de descargas, inspirara a los técnicos, programadores, ejecutivos y responsables de las cadenas españolas, esto parecería Japón. Ainsss…

 
 
 

Chisco

desde Granada



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2 comentarios sobre “De piratería y televisiones: como maltratar las series propias

  • el 5 octubre, 2011 a las 14:53
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    Muy buen artículo, estoy contigo en todo, venga esos cheetos.

    y mientras Telecinco seguirá emitiendo basura por qué es lo que pide la audiencia masiva, podemos hacer demagogia o decir la verdad, casi el 80% de la audiencia televisiva entre las 8 am y las 8 pm son chonis y marujas, carnaza de Telecinco.

    Y los pocos que quieren ver algo medio decente tienen que bucear para encontrase con cosas como bloques de 8 minutos de publi – 10 segundos de serie – bloque de 2 minutos de punli … (real, si no, poned Neox por la tarde)

    Pero claro, es más fácil justificar el fracaso de las mierdas de series españolas con la piratería, en vez de preguntar, casi el 99% de los que “pirateamos” series es por que simplemente, no podemos ver las series que nos gustan en la tele ( que no que no queremos más “Señoras” “Tierra de Lobos” ni “Barcos” por mucho que salgan tetas, más tetas salen en “Broakwalk Empire” “Juego de Tronos” o “True Blood” que además son infinitamente mejores.

    Y aunque parezca una ilusión, la solución está inventada, NETFLIX, ¿quién no pagaría 8€ al mes por tener esa suscripción, carta blanca ante todas las series y películas a la hora que quiera? y entonces ¿cual es el problema? que a Netflix le está costando entrar en nuestro país por los altísimos derechos de autor que le imponen.

    En resumen, que mientras el contenido cultural en nuestro país esté dominado por crápulas que sólo miran enriquecerse y extorsionar y que encima se les permite dictar las leyes, yo seguiré pirateando.

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    • el 5 octubre, 2011 a las 16:56
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      Precisamente de Netflix hablamos hace un tiempo en el blog, aunque también hay otros proyectos interesantes como Wuapi o Filmotech, pero Netflix sería una verdadera revolución. En América Latina, hace tiempo que llegaron y aquí, como en casi todo, no tengo claro si estamos en Europa o en África…

      Las majors siguen sin darse cuenta de que ellos son el problema y siguen aferrándose a lo que queda como a un clavo ardiendo. En el caso del cine, el tiempo les pondrá en su sitio y cuando dos o tres empresas pioneras se lo lleven muerto, entrarán todos en tropel a la voz de “que nos quitan la merienda!!”.

      Lo triste, se que siguen anclados en el discurso demagógico que tanto gusta a las entidades de gestión de derechos. Lo que no sea pagado es ilegal y no se dan cuenta que bajo esa premisa, están perdiendo oportunidades de abrir mercados, utilizar nuevas herramientas y socializar más el producto, obligar a mejorar la calidad.

      A las discográficas por ejemplo les duele que ya no pueden sacarnos la pasta con grupos guarreros de single y recopilatorio. Que ya no nos compramos un disco por una canción sólo y que no pueden poner en el “candelabro” a cualquier gilipollas que diga que canta. Mucho menos, crear subproductos musicales como a ellos les gustan. Grupos de laboratorio que se crean con receta y plan de marketing, en lugar de con bolos y horas de carretera.

      En fin, ya se darán ellos mismos contra sus propios muros… Déjales…

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