La sociedad de la información y el mito de Justin Bieber

Sociedad de la información es un concepto que cualquiera de vosotros habrá escuchado como un millar de veces. Y como suele ocurrir en muchos casos, la elección del término no tiene nada de inocente, sino que suelen asentarse sobre unas determinadas bases teóricas y permiten legitimar un discurso político o económico concreto. Si lo que mola ahora es la Sociedad de la Información, pues todo estará relacionado con la Sociedad de la Información, hasta los fabricantes de tornillos. De alguna manera se tendrán que mantener unidas las piezas de nuestros adorados iPhone ¿no? Y luego, cuando se presenten las cifras de crecimiento del sector, podremos inflarlas sin que nos tiemble el pulso.

La Sociedad de la Información le debe mucho a otro término, la globalización (que vendría a ser su mami), y tiene un aliado induscutible: su valido, su mano derecha, la Mano del Rey (para los que leáis Juego de Tronos). Hablamos de internet. Ahora se nos plantea un escenario nuevo, dicen, y ese escenario está plagados de mitos. Por ejemplo, el mito del prosumer: el usuario que no sólo consume información sino que la produce. Cuando a la hora de la verdad, el 80% se dedica a navegar por internet como por la tele, sin aportar ni un grano de arena. O la desintermediación: cualquiera puede triunfar, cualquier puede llegar a lo más alto del éxito. En pocas palabras, cualquier podría haber sido… ÉL.

Un twitter al azar de Bieber

Las compañías telefónicas son las primeras interesadas en vender este mito. A ellas les interesa venderte el servicio, que pagues religiosamente por tu conexión a internet (de hecho, los informes de sus fundaciones suelen apostar por la gratuidad de contenidos). Si te tienen que vender la moto de que en internet te harás famoso, pues lo hacen. Telefónica hizo una campaña en esa línea, en la que un chaval llegaba al estrellato gracias a un blog en el que preguntaba si se ponía pendiente o no (por desgracia, no he podido encontrar el anuncio).

Se supone que gracias a internet todos podemos llegar a todos, así que si hay talento (ejem), habrá triunfo. Igualitos que Justin Bieber, que se hizo famoso gracias a Youtube. ¿De veras lo hizo? Bueno, no es tan sencillo. Es cierto que la madre de Justin había colgado unos vídeos de su actuación en un concurso escolar, aunque lo hizo principalmente para que lo vieran su familia y amigos. Sólo que lo vio un manager musical y decidió lanzarle a la fama. Había algo de premeditado en esta estrategia de lanzar una estrella internetera. Eso sí, lo que después sí que ha sido mérito de Bieber es la forma en la que sabe manejarse en las redes sociales.

Pero quitando casos como el de Bieber, Lady Gaga o similares, el éxito gracias a internet muchas veces se debe a la retroalimentación de otros canales, como la televisión, y suele ser efímero. ¿Cuántos fenómenos de Youtube han tenido una semana de éxito? ¿De cuántos os acordáis? ¿Y de cuántos supisteis gracias a la tele? Ahí tenemos a la profesional socorrista “que la lió parda“, el trololó, la niña rumana Cleopatra, y un largo etcétera. Eso sin contar los frikis aparecidos en Callejeros.

Para el resto de los mortales que dejamos nuestra pequeña huella en internet, como este humilde blog, las barreras de entrada de las que nos libramos al no depender de editoriales, discográficas o productoras para difundir nuestro contenido han sido sustituidas por otras que a veces levantan los propios usuarios. No hay más que meterse en Menéame para saber de lo que hablo, o comprobar esa ligera endogamia que reina en los premios de blogs o de twitter.

 

 

Tahúr Manco

desde Madrid



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