La playa de Gulpiyuri, una maravilla natural

A veces la naturaleza nos regala pequeñas joyas como esta playa “sobre” el mar. Un pequeño rincón en la zona oriental de la costa cantábrica asturiana. Si no la conocéis os recomendamos su visita. Es la playa de Gulpiyuri y está cerca de Naves. Se encuentra varias decenas de metros sobre el mar, en medio de un campo agrícola que esconde esta maravilla: un conducto conectado con el mar, a partir de la erosión que éste ha inflingido con los años en la roca contra la que choca y que ha formado una pequeña ensenada natural en lo alto de un acantilado, que sigue las mismas mareas del oceáno y que nos permite darnos un baño en la playa junto a su fina arena.

El procedimiento es sencillo, pero muy laborioso. La acción del desgaste producido por el mar bajo las rocas del acantilado dieron lugar a una cueva, una gruta que con el tiempo también erosiono sus conductos interiores que hicieron que ésta se derrumbara. De este proceso kárstico, denominado dolina, se conecta de manera directa la corriente marítima sus influjos, con la playa natural que se formó en la depresión del precipicio superior.

Para llegar a ella lo mejor es conducir por la A-8 desde Llanes y con dirección a Ribadesella. En la salida de Naves que os llevará a un cruce sobre la autopista, debéis torcer a la derecha, por el camino rural que surge en la linde del asfalto. Unos metros más abajo hay unos pequeños apartaderos donde dejar vuestro vehículo (por favor, no metáis el Audi, hasta la propia playa). Si queréis caminar o acercaros en bici, dejando el coche en la desembocadura del río Bedón, podréis hacer el recorrido de una forma más deportiva.

El camino está perfectamente marcado al abandonar la autopista por el sendero indicado y tras recorrer algunos campos de cultivo, la playa se ofrecerá en la espesura como un oasis en el norte.
 
 

© Guldens
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© Siempre Yo
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Después del chapuzón, tenéis la posibilidad de descansar un rato en un mirador que os permitirá contemplar la verdadera grandeza de esta playa de interior. Desde él, podréis observar la altura de los riscos en los que nos encontramos, la lejanía con el mar y la sorprendente obra de ingeniería natural que es este reducto en el Cantábrico. Éste se motrará como un inmenso ariete acuático con su constante batir contra las rocas.
 
 
© AsturZephyra
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Chisco

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