Televisión, famosos y Twitter. El trío de la discordia.

Twitter se ha convertido en una de las redes sociales con más potencial y en la gran favorita de muchos usuarios. Gran parte de su éxito se debe a su principal característica: 140 caracteres por mensaje. Eso invita al uso frecuente frente a Facebook, Tuenti o actualizar un blog. A eso deberíamos sumarle la asimetría de la red. No hace falta agregar amigos. Basta con seguir a quien a uno le parezca interesante. Entre ellos, famosos y celebrities de diferentes ámbitos: blog stars, músicos, cantantes, actores, periodistas y un largo etcétera. Twitter proporciona una sensación de cercanía con este tipo de personalidades, sin los filtros habituales en el mundo off line.

Los famosetes pierden la cabeza en Twitter (y las neuronas a veces).

De esa cercanía es de donde empiezan a venir los problemas. Delia Rodríguez identificaba 7 tipos de celebridades en función de su uso de Twitter, desde los que están totalmente familiarizados y se sienten como pez en el agua a los que lo tienen un perfil por compromiso que es llevado por algún asesor de imagen. Pero la gran mayoría de famosos llevan personalemente sus cuentas en Twitter. No hay intermediarios en la comunicación, así que pueden plasmar cualquier reflexión, chiste, comentario o recomendación que se les ocurra. Y claro, cuando la gente tiene la manía de decir lo que piensa, ocurre lo que ocurre. Máxime cuando muchos famosetes no son tan listos como ellos (o el público) creen.

Pero los problemas de verdad llegan con unas palabras que suelen ser sinónimo de jaleo: Trending Topic (Tema de moda, Tendencia). Aquí se produce un efecto de bola de nieve. Los trending topics son temas o palabras que se repiten mucho en los tweets (mensajes), como pueda ser un determinado hashtag. Y como los trending topics aparecen en time line (el equivalente al muro de Tuenti o Facebook) de todos los usuarios, eso tiene un efecto llamada, del mismo modo que los enlaces a las noticias más leídas en los periódicos online invitan a pinchar en ellos. Se multiplica así la repercusión del tema: uno mira el Twitter, ve que “el de los cuadros” es trending topic, lee algunos tweets sobre eso para ver de qué se trata, y como le hace gracia, dice un par de paridas más al respecto, cuando de otra forma nunca habría oído hablar de ese señor.

¿Queréis complicarlo aún más? Se puede. Pensad en un trending topic que aparezca en las noticias de la TV o en un periódico. Porque asumámoslo, por mucho ruido que nos parezca que hace Twitter, no es nada comparado con el alcance que tiene la televisión. Seguro que casi todos os acordáis de los #perezrevertefacts (cuando Arturo Pérez Reverte llamó “mierda” al Ministro saliente de Exteriores Miguel Ángel Moratinos), la tristeza de Bisbal porque las pirámides de Egipto no se visitaban con tanta revuelta en marcha, el diálogo de Álex de la Iglesia con los internautas que le hizo cambiar de opinión sobre la Ley Sinde, la entrevista de Buenafuente a la susodicha Ministra, o el siempre bocazas a la par que entrañable Alejandro Sanz. Y eso sin hablar del 15M.

Obviamente, no todos los usuarios de Twitter tienen la misma influencia. Mi cuenta de Twitter, cuando escribo estas líneas, tiene 56 seguidores; y el anfitrión de este blog va por los 45. Eso nos permite decir alguna que otra burrada sin temor a que se arme la marimorena. En cambio, alguien mediático como los arriba mencionados van a tener de entrada un número ingente de seguidores, por lo que cualquier cosa que digan va a tener más eco. No sólo eso, sino que entre sus seguidores estarán revistas, periódicos, programas de televisión… seguidores que también son mediáticos (de hecho, son los propios medios), que estarán pendientes de sus palabras, y que pueden multiplicar fácilmente el eco de lo que digan estos famosos, tanto dentro como fuera de la burbuja de Twitter (y la de internet).

La relación de los medios tradicionales, y particularmente la televisión, con Twitter, la blogosfera e internet es, cuanto menos, ambigua. O más bien, de conveniencia. Los medios deboran los contenidos twiteros y se nutren de los que les interesan. Pero cuando no están conformes o se sienten amenazados de alguna forma, en seguida cargan las tintas contra la red, tachan a los usuarios de patio de porteras o relegan a los internautas a fuente de información de segunda o tercera clase.

Comparar la calidad informativa de los blogs o los usuarios de Twitter con la de los medios (los auténticos periodistas, o eso dicen) viene a ser lo mismo que la velocidad y el tocino. No estamos hablando de los mismos términos. La calidad de la red está basada en un sistema de probabilidades gracias a la gran abundancia de contenidos, virtualmente ilimitada. Leed La economía Long Tail de Chris Anderson y veréis de lo que hablo. A un medio, cuyos contenidos están limitados (en tiempo, en espacio) se le exige una calidad mínima (ejem). Los usuarios de Twitter no son periodistas. Los bloggers no son periodistas. Bueno, no todos. Hay muchos periodistas con cuentas de Twitter y blogs personales, de ahí que resulte aún más absurdo hablar de internautas como los otros. En la red se encuentran contenidos de todo tipo, desde los más elaborados a verdaderos despropósitos (y de la misma forma, hay usuarios de Twitter inteligentes, ingeniosos, educados… y otros que  nunca deberían haber salido del chat de ligue de Terra). No es cuestión de generalizar sobre la calidad de la red versus la de los medios. Simplemente, en la red hay mucho más contenido, y por estadística es probable que la red iguale o supere la calidad de los medios respecto a algún contenido, especialmente aquellos menos populares que no tienen visibilidad en los medios.

Por alguna razón, la televisión parece sentirse amenazada por internet. Quizá porque compiten por la atención del usuario y la tele llevaba las de perder, aunque con el crecimiento de internet en el móvil ambas actividades (ver la tele y navegar por internet) pueden complementarse.

O quizá es que la tele y los medios se han llevado una gran decepción. Todos se llenan la boca con términos como Sociedad de la información, Nuevas tecnologías y similares, creyendo que la mera existencia de una tecnología ya garantiza su éxito, y todos vamos a ser felices usando las tecnologías tal y como se concibieron. ¿Sabéis cómo se llama eso? Determinismo. Pero las teconologías por si solas no determinan su uso ni su éxito. El uso de las tecnologías lo determinan los usuarios, valga la redundancia.

Y mientras no nos metamos en la cabeza eso, así nos irá.

Tahúr Manco

desde Madrid



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