Alma de cine, corazón de biblioteca en Buenos Aires

Hay rincones, escondidos por el mundo, donde puedes ver más de lo que el entorno te muestra. Lugares donde merece la pena acudir, simplemente por el placer de estar. De mirar. De asombrarse con cada escondrijo al que uno mire y que irremediablemente se quedarán grabados en nuestra retina.

Si tenemos un poco de visión fotográfica o agudeza cinematográfica, nos costará poco descubrir en uno de estos sitios, un escenario perfecto para una multitud de títulos que hayamos visto o que fantaseemos con ambientar por nuestra propia cuenta.

Si visitáis Buenos Aires, no os perdáis El Ateneo

Sin duda un reducto, donde la magia del lugar nos envolverá como el manto de un potente narcótico, es la librería El Ateneo de Buenos Aires, en la Avenida de Santa Fe y ubicada en el antiguo cine Grand Splendid.

La historia del edificio, cuanto menos es curiosa y dota al lugar de una mayor trasferencia de recuerdos para el visitante, tanto el que lo conoció en su majestuosa aplicación de sala de proyecciones y teatro, como el que lo ve por primera vez, reconvertido en tienda de libros.

A principios de siglo, proyectado como una suntuosa sala de cine con cuatro palcos y una platea de 500 localidades, fue uno de los puntos neurálgicos de la cultura bonaerense, donde además de proyecciones de los estrenos de la época, se daban cita recitales de poesía, conciertos musicales (Gardel era uno de los habituales) y también sede de la Radio Splendid.

Por su parte, la librería y editorial El Ateneo, aunque hoy en día sea una potente franquicia de tiendas de libros, fue siempre uno de los clásicos literarios de la capital argentina y su establecimiento de la Calle Florida (no muy lejos del actual emplazamiento, junto a la emblemática Calle Corrientes) fue considerado durante décadas, “el decano” para los libreros y aficionados a la lectura de la ciudad.

El negocio familiar ha crecido, contra corriente, a pesar de los oscuros designios del sector sufridos durante los últimos años y lo que era una histórica librería porteña, se convirtió con el paso de los años en una cadena con tiendas en todo el país.

Ambos mundos, literatura y cine, se dan la mano en el siglo XXI, casi cien años después de los respectivos nacimientos de cada uno de los actores de este sublime vodevil.

© Juan De
© Juan De

 
©  Cristina Bruseghini de Di Maggio
© Cristina Bruseghini de Di Maggio

 
© Nuno Calvin
© Nuno Calvin

 
© Fernando Ulbrich
© Fernando Ulbrich

 
© Floriano Cathalá
© Floriano Cathalá

 
© Sharon Frost
© Sharon Frost

El edificio del antiguo cine Grand Splendid, vio su último estreno, a finales de la década de los 90. ‘American Beauty’, comentan, fue la película que cerró el repertorio de grandes films expuestos en sus proyectores. Pero el acabado soberbio, el lujo de sus detalles decorativos, la luminosidad de su cúpula y la belleza del antiguo Splendid se conservó, se heredó durante la reforma, dando lugar a una biblioteca más que una librería, uno de esos lugares donde irremediablemente piensas en ‘El nombre de la rosa’ o el Cementerio de los Libros Olvidados. Las butacas de los palcos han cedido su lugar a las estanterías temáticas de los más de 130 mil ejemplares que pueblan sus paredes, paneladas de suelo a techo con libros de todas las nacionalidades.

Zonas de lectura, cafetería donde antes estuvo el escenario del teatro y unas poderosas escaleras mecánicas como casi único efecto modernista, son algunos de los elementos que se combinan con la suntuosa iluminación y la evocadora decoración clásica que mantiene vivo el recuerdo de lo que un día fue un gran centro de cultura y que hoy día, perdura, aunque sea durante un instante visual y onírico (si te olvidas de los dependientes señalizados tipo FNAC) como un gran ateneo clásico de conocimiento.

Chisco

desde Granada



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