Locos por Mad Men

Un ejecutivo entra en su despacho y deja su maletín en el suelo. La oficina comienza a desvanecerse, los carteles publicitarios caen de las paredes, que empiezan a desplomarse. Cuando se da cuenta, el ejecutivo, una silueta blanca y negra, está cayendo al vacío. A su alrededor, los enormes rascacielos de cristal exhiben gigantescos anuncios publicitarios de finales de los 50 y principos de los 60: cerveza, medias de rejilla, whisky Old Taylor 86, diamantes: el regalo que nunca falla (It’s The Gifjt That Never Fails)… Está a punto de estrellarse contra el suelo, pero de repente vuelve a estar sentado en su sillón, con un cigarrillo en la mano.

Se trata del opening de Mad Men, una serie creada por Matthew Weiner, el que fuera guionista de Los Soprano en su quinta y sexta temporadas. Producida por Lionsgate Television y emitida en Estados Unidos en el canal por cable AMC, ‘Mad Men’ no deja de acumular premios desde su estreno, y con la cuarta temporada actualmente en emisión, lleva ya la friolera de 4 Golden Globes y 13 premios Emmy. Ha sido la primera serie por cable en ganar el Emmy a la mejor serie dramática, y lo ha hecho en tres ocasiones: 2008, 2009 y 2010.

¿Y cuál es la razón de todo este furor alrededor de ‘Mad Men’? Son muchas las razones que hacen de Mad Men una serie de culto, pero se podría resumir en una sola: calidad. Una calidad que se nota en el cuidado que ponen en todos y cada uno de los aspectos de la serie, desde el homenaje de su opening a los títulos de crédito de películas de Hitchcock como Vértigo y Con la muerte en los talones (ambos creados por el diseñador Saul Bass) hasta la exquisita realización, que consigue que en una serie ambientada en una agencia publicitaria de Madison Avenue no echemos en falta secuencias en exteriores para poder ver las calles de la gran manzana. Eso por no hablar de unos personajes dotados de una gran profundidad, unos guiones trabajados que consiguen insertar elementos de culebrón y que nos resulten veraces, una exacta ambientación histórica, y un estilismo exquisito en el que los hombres siempre tiene clase y las mujeres desprenden glamour allá donde vayan.

‘Mad Men’ gira en torno a una agencia de publicidad ficticia (Sterling & Cooper al comienzo de la serie) de Nueva York. Y aunque la publicidad está muy presente a lo largo de la serie, no sería justo hablar de ella como “una serie de publicistas”. Pensad en la serie House para haceros una idea. Al principio de cada episodio, el hospital recibe un paciente con alguna extraña afección, y el equipo de Gregory House intenta determinar qué es lo que le ocurre a base de estudiar sus síntomas, hacerle pruebas y ver los resultados. Al final, House cae en la cuenta de lo que tiene el paciente gracias a algún detalle aparentemente irrelevante. El enfermo se cura y todos contentos (vale, es un esquema simplificado y lo de “todos contentos” lleva muchas comillas, pero básicamente es eso ¿no?). Bueno, pues ése no es el esquema de ‘Mad Men’. No se trata de que un cliente pida una campaña y el equipo de la agencia dé con el slogan adecuado e ingenioso al final del capítulo, para volver a empezar en el siguiente episodio. En la serie se ven los entresijos de la agencia (las reuniones con clientes, las estrategias publicitarias, la batalla por las cuentas, los castings, etc.), pero no funciona de una forma tan lineal.

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En Mad Men, la omnipresente publicidad es el trasfondo, el marco, pero la serie es una serie sobre unos personajes y los conflictos y relaciones que surgen entre ellos. Nos encontramos con las distintas formas de medrar en la empresa que tienen Peter Campbell (un ambicioso ejecutivo de cuentas cuyo apellido pesa más que su valía), Peggy Olson (secretaria recién llegada a la que no le queda más remedio que aprender a la fuerza en un mundo dominado por los hombres) o Harry Crane (media planner con méritos suficientes pero muy cauteloso). También asistimos a la forma en que se desenvuelven los personajes femeninos dentro y fuera de la agencia: dentro a través de la citada Peggy y de Joan Holloway, jefa de secretarias; y fuera con Betty Draper (la esposa de Don) como principal exponente. Y todo ello con una figura central (dentro de lo que cabe en un reparto coral), la de Donald Francis Draper (Don), interpretado por John Hamm, un hombre que podría representar el paradigma del éxito (éxito profesional, éxito con las mujeres, e incluso éxito familiar) pero que esconde un pasado algo turbio y que está lleno de inseguridades y dudas. Una de las virtudes más aclamadas de Mad Men es precisamente la profundidad de sus personajes. No hay buenos y malos. Cada uno tiene sus motivaciones, sus metas, su filosofía de vida e incluso sus pequeñas contradicciones. Las relaciones entre personajes son igualmente complicadas: compañeros, amigos, e incluso mentores, pero a la vez rivales y recelosos unos de otros. Como la vida misma.

Si no fuera suficientemente apasionante el escenario planteado por Mad Men, también transcurre en una época igualmente apasionante. La primera temporada arranca en 1960. Un año donde el cambio de década vino de la mano de un cambio de mentalidad y de sociedad. En el cine, sin ir más lejos, es un año clave y supone la aparición del cine moderno frente al clásico. Y la serie refleja muy bien esta época de transición y cambio, sobre todo en los primeros episodios. Podemos ver ese choque entre el estilo de vida de los tardíos años 50, en el que están anclados principalmente los varones, y los ejemplos de gente que rompe moldes: mujeres divorciadas que tienen que trabajar para mantener a sus hijos, o los emergentes beatniks, antisistema para unos, holgazanes fumadores de hierba para otros. Y el retrato de esta época se hace sin concesiones y sin recurrir a personajes visionarios adelantados a su tiempo (olvidaos de los casposos ejemplos de Águila Roja, Cuéntame, o Bandolera). En vez de eso, lo que nos encontramos es una fidelidad histórica asombrosa (el duelo entre Nixon y Kennedy en las elecciones de 1960, del que saldría victorioso Kennedy; el accidente del vuelo 1 de American Airlines) y unas costumbres y tópicos que hoy se consideran políticamente incorrectos pero que eran el pan de cada día. La gente fuma sin parar y en cualquier sitio: oficinas, bares e incluso consultas médicas. Tomar varias copas en casa o en la oficina es casi obligatorio, y después del trabajo siempre hay tiempo para la última. Los hombres casados suelen tener alguna amante o escarceos ocasionales con quien se les pone a tiro: secretarias, clientes de la agencia, profesionales… Las mujeres tienen un rol claro y definido, e incluso las que trabajan lo hacen siempre en los mismos puestos y son conscientes de que su mejor arma es su feminidad. La homosexualidad es un tema del que no se habla si no es para repetir algún tópico, y si se acepta la propia se lleva con discreción.

La serie es en definitiva una maravilla estética de un realismo pocas veces visto en la ficción. Es una serie no para ver qué pasa al final, sino para disfrutar del camino. Los personajes tampoco cambian de un día para otro (el ejemplo más claro es Peggy, que irá evolucionando a lo largo de las temporadas). Y en cada plano, en cada secuencia, en cada diálogo, se nota el mimo y la atención que se dedica a esta producción para que rebose calidad. Una prueba es que frente a los 24 episodios por temporada que suelen tener las series norteamericanas, cada temporada de Mad Men tiene sólo 13 capítulos. Eso sí, al emitirse por cable (y no haber tanta publicidad ya que no es su única fuente de financiación), los episodios duran entre 45 y 47 minutos, mientras que en las series emitidas en abierto cada capítulo está en torno a los 42 minutos, en el caso de las series dramáticas.

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En España es Canal Plus la encargada de emitir Mad Men. Recientemente, su cadena hermana en abierto, Cuatro, ha incluido esta serie entre su programación, aunque lo hace en un horario intempestivo y ninguna persona decente estará dispuesta a verla a esa hora, si es que la emisión es regular. Si no tenéis el Plus, y para que no digan que fomentamos la piratería, todas las temporadas ya están a la venta en DVD. Si no os importa leer subtítulos, os recomiendo verla en versión original. Por cierto, para los sibaritas hay un pack con las temporadas 1,2 y 3 en edición de coleccionista. La presentación, como no podía ser de otro modo, es una enorme cajetilla de Lucky Strike.

Tahúr Manco

desde Madrid



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2 comentarios sobre “Locos por Mad Men

  • el 16 mayo, 2011 a las 2:49
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    Totalmente de acuerdo, es una serie cojonuda, ahora mismo el Plus no da capítulos (no sé si es que los ha dado todos) pero yo estoy a la espera de nuevos capítulos. Es una serie llena de matices, de sabores agridulces, de personajes contradictorios, realmente las historias que cuenta no interesan tanto en su narrativa como en el hecho de ser un vívido fresco de una época y unos personajes realmente humanos.

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  • el 16 mayo, 2011 a las 16:11
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    @pepe

    Por lo que he visto, el Plus ya ha emitido los 13 capítulos de la 4ª temporada.

    Y sí, la serie está llena de matices y hay que saber leer entre líneas. No es sólo lo que pasa sino lo que no pasa (ni se dice). Porque además aquí los actores no sobreactúan como si fuera un culebrón. Vaya, que no me canso de hablar de la serie 🙂

    Respuesta

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