Sir Lacenlot de Cartagena

Hemos querido rescatar del pasado (de uno muy reciente, no hemos puesto el Delorean más que a medio gas) una entrada de un blog que nos gusta seguir (Si continuamos con esta línea de mamonerío y peloteo vasco hacia el amigo José A. Pérez, nos van a tachar de radicales. Pero no nos importa). Efectivamente sale de la cueva de Mi mesa cojea este reanimation post, porque releer la entrevista que “le hizo” a Arturo Pérez-Reverte a finales del año pasado, es como ir en estos días a ver ‘Torrente 4’. Para quebrarse el ojal… O eso dicen.

Nos gusta la entrevista, porque nos gusta Pérez-Reverte. Con sus cosas buenas y con sus cosas malas. Aunque últimamente, no sabemos si le encumbran unas o le desmerecen aún más otras.

Arturo Pérez-Reverte, entrevistado "en exclusiva"

Don Arturo, ha sido siempre un tipo cabal, correcto, puntilloso y ligeramente faltón (pero eso sí, sin herir a inocentes, siempre apuntando a quien se lo merecía). Un rollo Punisher a la española pero con una Cruz de Santiago cosida directamente sobre el pecho. Nada de calaveras ni mariconadas de esas, oiga.

Digo siempre ha sido, porque a veces se le escapa el filo del estoque con el que agujerea a quien se ponga a tiro y la camisa se rasga. Y digo que nos gusta Pérez-Reverte, porque nos gusta. Porque siempre escribió bien contra las falacias, las medias verdades de los chamanes de la cicatería. Eso en prensa. En novela nos zampamos los libros de Alatriste de dos en dos y a pesar de sus finales, a veces traídos por los pelos, ‘La reina del sur’, ‘La tabla de Flandes’, ‘La carta esférica’, ‘La piel del tambor’ y sobre todo ‘El club Dumas’ son para darles varias vueltas. Sin olvidar a los comanches (con el que conviene desvirgar su literatura) y olvidando (adrede, con total impunidad) a las películas que de él se desprenden. No se puede tener todo, amigo mío.

El problema es que la artillería pesada a veces se encasquilla y por eso es tan buena la entrevista (si la hubiera habido), porque es realista, lo que a veces le falta a nuestro querido autor. Realismo más allá de la pose de ofendido con la vida, porque “más se perdió en Cuba” y a él le gusta “oler a Napalm por la mañana”. Coño, que suenen las Valkirias de Wagner.

Ser el justiciero de la verdad absoluta (arriba las tautologías) no es fácil y por mucho que seamos, el que tiene la puntería más afinada (asesina, diríamos nosotros) no se puede disparar con saña contra todo lo que se mueva. A veces el tiro sale por la culata y de listos nos pasamos en las formas.

Se ha ganado la fama de duro, de decir lo que piensa pensando lo que dice, de pisarle las sirenas de arena de playa a los hippies y gritarle a los niños: “los reyes son los padres” en la puerta de los colegios. De eso y mucho más, a veces con justo merecimiento, otras pasándose de la crítica certera a la defecación verbal. De un salto, alehop!

Y es que como dijo aquél: “no es malo llorar, Ford Arturo, llorar no es malo…” (y algún bandarra pensará, que esto último va por lo de Moratinos… Ay, cuanto rucio hay suelto).

Y ahora sí… Disfrutar de la entrevista del escéptico José A. Pérez, al otro Pérez, Arturo Chuck-Reverte.

 

Vic FS

desde Madrid



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