Hay dignidad humana, más allá de la desgracia…

Qué importante es la cultura y educación de la gente. Para cualquier cosa. Para cualquier eventualidad. Cuan importantes son los buenos modales, las formas, el buen hacer para practicar el sano arte de “vive y deja vivir”.

Hace unas semanas se nos escapó entre los dedos una entrada dedicada a la revuelta popular iniciada en Egipto a finales de enero. Dio el pistoletazo de salida para lo que ha sido la última crisis mundial que nos ha reportado el mundo moderno (y aún colea), pero fuera de los parámetros socio-económicos y políticos que enrarecen este hecho histórico, nosotros nos quisimos centrar en su momento en un aspecto menos importante, pero a la vez muy significativo en lo que al respeto por las libertades y derechos de las personas se refiere.

Japón sobrevive a 'Día de mañana'


Nos referimos a la imagen que ofrecieron los disidentes y opositores a Hosni Mubarak durante los primeros compases de la revolución. Ese ambiente sesentayochista que impregnaba las calles, las plazas, a través de las imágenes que nos llegaban por la televisión (o las que quisieron que viéramos, todo puede ser…), aportaban un indicio de ilusión soñadora y utópica. Sabemos perfectamente que no se trata del valor más importante de esta revuelta, que por encima de los ideales y los adalides de la causa para la posteridad, están los intereses económicos, la pestilencia de la política dictatorial de algunos energúmenos, la podredumbre que asola a los pueblos en todas las partes del mundo. Pero en ese momento, lo que nos fascinó, fue ver a esa gente desesperada, practicando la cacerolada y la reivindicación pacífica contra viento y marea.

Que uno de los polvorines más peligrosos para el futuro de la estabilidad mundial se centra en el integrismo islámico, es un hecho consumado. Por eso tal vez parece tan esperanzador ver un pueblo de Oriente Medio, sacudiéndole a la tiranía a base de cóctel anti-represión.

Eso ya pasó y en estos días nos volvemos a acordar por el verdadero motivo que incita esta entrada de hoy. Vivimos unos momentos tristes y desoladores desde el pasado fin de semana, mirando la televisión con el mentón desencajado tras el terremoto y tsunami que vivió Japón el viernes de madrugada. Ese día el sol no nació en el horizonte nipón.

Pasada la tragedia, con los primeros compases de aceptación de lo ocurrido, podemos ver a la gente que empieza a aparecer en televisión quebrados por el desasosiego de las pérdidas y la incertidumbre del que vendrá mañana. Sobre todo cuando no se está seguro de si habrá un mañana.

En ese ambiente desesperado y post-apocalíptico, el japonés medio se sobrepone a la tragedia, con un semblante serio y quedo, con el dolor hincado dentro, en silencio. Como les educaron y aprendieron a vivir. Manteniendo la compostura y el pundonor a pesar de que el mismo suelo que pisan, se abra bajo sus pies.

Y con esa imagen nos quedamos, porque nos recuerda a la otra que comentábamos al principio. Con las colas de japoneses temerosos por el futuro incierto, pero educados, ordenados en correcta actuación cívica inentendible sinceramente en una situación como la vivida. No vimos saqueos, ni peleas por el abastecimiento, no vimos gritos ni cristales saltando en mil pedazos.

El pueblo japonés es sumamente respetuoso y educado. Sin duda herencia de una férrea tradición y una veneración constante del orgullo nacional.

Pero aunque distantes y sorprendentes para los occidentales, nos dan en esta ocasión una infravalorada lección, con su serena resistencia ante la muerte y la honestidad con la que afrontan la vida que se abre paso en el siguiente tramo.

Nos preguntamos cómo actuaríamos en nuestro país ante una situación similar, en Estados Unidos (con su hipócrita sentido de la decencia) o en otros muchos países que conocemos o hemos visitado. Pero antes de señalar a nadie, porque las comparaciones son odiosas y aquí no nos lo estamos jugando en una competición internacional en materia de aguante ante las desgracias, no podemos hacer otra cosa (por el momento) que mandar con estas líneas un sincero mensaje de apoyo y consternación, que se traduce en admiración ante actitudes y reacciones como las vistas.

Vic FS

desde Madrid



¿Quiéres saber más de mí?
Todas mis entradas    |    Ficha de autor

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *