Nacho Vigalondo se cubre de gloria…

Hace unos pocos días, le comentaba a Chisco que tenía ganas de escribir una entrada en el blog sobre el director cántabro Nacho Vigalondo a propósito de su último trabajo visual a la vista, en el que promociona la “nueva era” de El País y que me vino a confirmar algo que ya me rondaba la cabeza hace tiempo en relación a su estilo. Pensaba comentar que a pesar de ser uno de esos blancos fáciles para la crítica simplista que suele asolar este país (más ahora que todos tenemos un medio de comunicación en el garaje – o la buhardilla – para expresarnos), yo en el fondo me declaro seguidor de su trabajo, quiero decir, que soy de esos a los que les gustó mucho ‘7:35 de la mañana’ (lo que me hizo seguirle con atención como haces con tantos cortometrajistas que te sorprenden) y que disfrutó bastante con varios de sus cortos o sus trabajos de guión.

Nacho Vigalondo "en el candelabro"

Ahí llego ‘Los cronocrímenes’ que tenía que ser la confirmación de un director prometedor o su choque frontal contra el muro con el que muchos estrellan su carrera antes de empezarla realmente. Y aprobó. No para nota, tampoco nos vayamos a poner espléndidos. Pero pasó la prueba. La cinta es entretenida, original pese a su viaje referencial por mucho del cine de ciencia-ficción de los 70 y los 80. Contaba con una interpretación de las que sólo tipos como Karra Elejalde (y algunos otros currantes todo-terreno) pueden hacer y encima tenía una estupenda puesta en escena, a pesar de los tal vez escasos recursos con los que contaba la producción.

Con todo ello, hubiera querido afianzar que mi comentario negativamente crítico que iba a hacerle después, no se basaba en ese estúpido odio que le tenemos por aquí a todo el que saca un poco los pies del tiesto, pues como decía le considero un cineasta por lo menos interesante, buen creador de historias o mejor dicho, buen creador de ideas pues es lo que creo que le va salvando a pesar de no terminar de demostrar nada. El hecho de que esconde una mente creativa bastante sutil. Intentaba anticiparme a todos aquellos que acto seguido a mi comentario, criticarían con desproporcionado celo el hecho de que siempre se tira por tierra el cine de aquí, o lo que se hace un poco fuera de los cánones, porque de mis anteriores palabras se debería deducir que no soy de los unos ni de los otros.

Simplemente me causa estupor ver como el anuncio con el que comenzaba la entrada me venía a demostrar un detalle y es que a pesar de concederle el beneficio de la duda a propósito de sus aceptables primeras cartas jugadas, me inclino a pensar que ese halo de complacida autosuficiencia, esa espesa sensación de que se desayuna por la mañana su propio ego, son en realidad la razón por la que su trabajo no cala más hondo. Dicho de otro modo, que aunque no es mal cineasta, al tío se le va la mano con lo mucho que se paga de sí mismo en todo lo que hace. Qué queréis que os diga? El chico ni es Orson, ni es Hitchcock ni es Taran-taran-tino como para aparecer en todos sus trabajos, como para asumir que no sólo su creatividad es buena sino que tiene que ponerla encima de la mesa en cualquier faceta del proyecto, como si la autoafirmación fuera más importante que la confirmación de los otros.

Sé que algunos alegarán que Eastwood sale en casi todas las películas que dirige o que Woody Allen no sería el genio que es, sino hubiera aportado su granito interpretativo a sus propias historias, pero por favor que ni lo de unos es una excentricidad a imitar, ni lo del otro merece todavía la pena el fervor. Lo siento, es así, sencillo para que no se tergiverse. El tío apunta maneras, pero es un pedante que confunde promocionarse a uno mismo con untarse de aceite el cuerpo y decirle al personal a la cara: “Ey, disfrutar del género”.

Sin embargo no lo hice y a estas alturas la actualidad me vuelve a poner “en el candelabro” al susodicho. Y lo preocupante es que teniendo en cuenta el lío absurdo que le ha provocado ser objeto de todas las miradas (y no por su anuncio del iPad) me revuelvo en la silla incómodo, porque mientras sigo toda la movida del Holocausto por la red veo que me tengo que morder la lengua y ponerme, apenas una semana después, en el otro lado del ring junto a su banqueta, con la toalla, la botella de agua y el mensaje claro de compañerismo: “venga hombre, aguanta el chaparrón, que no saben lo que dicen…”

Lo que pasa que no es todo así de facilón. Bien, vale, es verdad que por muy fino, negro o surrealista que sea una muestra de humor nunca debería confundírsela con un comentario serio hecho en pleno uso de facultades hirientes y peyorativas. O sea, lo que se dice en broma se queda en broma. Y ahí si le doy la razón al señor Vigalondo cuando defiende que le “dio el punto” de hacer una gracia y que por poco le sacan un ojo por la bromita. Se ve la diatriba de responsabilidad del que empieza a razonar pasadas las primeras horas de haber soltado la joda.

El problema además, es que como él mismo dice y otros muchos han repetido en su favor, lo triste del asunto es que la prensa nacional ha involucionado al mismo ritmo que otros recursos de la Sociedad de la Información van haciéndolo a pasos agigantados de apatía profesional y cicaterismo ilustrado para masas y por eso, vemos a reputados medios de comunicación corriendo detrás de cualquier post o escritura de muro internauta que el famosete de turno haga (o le hagan) como si de la mismísima comparecencia del jefe del Sursum Corda fuera. O sea dicho de otro modo, que los periodistas actuales, con la excusa fácil de que todo está en internet y con el beneplácito de editores y responsables de cierre más preocupados de darle salero al circo romano al que se asoman que de hacer gala de su profesión, como los transmisores de la información y la verdad.

Sin embargo, siento disentir en la base, en lo esencialmente primigenio de todo este asunto que es el haberla cagado en hora punta y ante toda la comunidad de vecinos. Que cómo diría aquél, “esas no son formas, son alardes”. Siento discrepar porque aunque sí, la prensa está fatal a estas alturas del partido usando técnicas de guerrilla cotilla para enderezar titulares y sí, la gente está fatal, porque si no es por un Mahoma dibujado, es por un chiste mal entendido sobre las balas mágicas que mataron a Kennedy, a todos se les erizan los pelos sacando punta hasta a los bordes romos de los cantos rodados. Pero es que señores, una cosa es una cosa y dos una piragua.

Venir a escurrir el bulto, aduciendo que lo que se dice en Twitter se queda en tuiterlandia, o que no se puede tomar como declaración oficial todo lo que un famoso publica en su red social favorita es tan simplón que hasta da grima que lo defiendan periodistas de pro, como he leído por ahí. Ahora va a resultar que cuando a un político bocón se le va la lengua junto al micrófono hábil de un más hábil periodista, la declaración es noticia y se la debe hacer constar como la gran cagada del diputado de turno para su escarnio personal de por vida. O cuando a un contertulio se le ven los colores homófobomachistaspreconstitucionalesdelamuerte en la radio de máxima audiencia a todos se nos hinchan las narices para gritarle al incauto que, esa boca, mejor se la lavara con jabón. Pero si el que mete el gambazo es un coleguita de la cultura, de los nuestros, de los del lado bueno, entonces hay sacarle las castañas del fuego echando mano de lo que sea, aunque suene incongruente como lo de “mi Twitter es mío y mi vida privada no está en venta”… Ein?

Vic FS

desde Madrid



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