“No es la muerte si la rechazas, lo es si la aceptas”

He querido dedicarle la primera entrada de esta sección a ‘El Cuervo’, por muchos motivos. Tal vez porque fue el título que hizo cambiar mi concepción del mundo del cómic o porque con los años he podido constatar que se trata de una de las mejores novelas gráficas que se han escribujado (un término que acuñamos por nuestra cuenta para referirnos al arte de juntar viñetas con palabras, cómic con guión…).

El Cuervo de James O'Barr

Tampoco es la intención venir ahora a descubrir El Dorado, pues sería apostar fácilmente por caballo ganador y a estas alturas, quien más quien menos, conoce de sobra la historia de Eric Draven.

Dejémoslo entonces en que a modo personal, debía rendir el tributo de unas palabras en su honor en nuestro recién estrenado blog. Y es que el cómic de James O’Barr que le coge prestado el título al cuento de Poe, es sin duda alguna, uno de los mejores ejemplos de sinfonía gráfica poniendo en cada viñeta, en cada frase una mezcla partes iguales de lirismo y épica gótica, sin restar ni suavizar la violencia y desesperación que se suscitan cuando se juntan ambos elementos visuales. Poesía y muerte.

Es una novela de cuatro tomos, publicados tanto por separado como en una edición más moderna y conjunta, siempre por la Editorial Glenat aquí en España, recomendable, imprescindible para iniciarse en un submundo del cómic cargado de expresividad, intensidad y porqué no esperanza. Esperanza con forma de ángel vengador, venido del más allá para impartir justicia poética, una muerte apuntalada por palabras de odio y rabia, pero que no puede tapar la esperanza de una verdad mayor.

Un ejercicio catártico para el autor, pues la historia del guitarrista punk del cómic que muere después de ver como violan y asesinan a su novia Shelley, le sirve a O’Barr para rememorar gráficamente la muerte de su propia novia atropellada por un conductor borracho, lo que dota a las viñetas probablemente de una profundidad dolorosa más hiriente pero a la vez más poética en cada una de sus frases  cortas, especie de haikus de horror y venganza.

Defendámosle un mérito doble, aunque externo a él e imputable sólo por casualidad genética. Su “hijo” artístico vino a su vez a revolucionar y mejorar, la condición  y el uso de los cómics en el cine, gracias a la estupenda adaptación de 1993 de Alex Proyas.

Va por usted maestro:

En la ciudad, donde los ángeles no se atreven a flotar
y los demonios cantan baldas,
el sexo de la noche deja caer su negro cabello narcótico
bajo una luna opiácea y amarilla.
Ahí va la sombra de una sombra,
un fantasma terrenal que tirita,
no por el frío de octubre sino por un erótico dolor.
El cuervo se refugia en un sueño roto
y el único sonido que le sale
es como un grito cóncavo.

O’Barr dixit

Chisco

desde Granada



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